Hace dos semanas nos preguntábamos, en este espacio, si en vacaciones llevamos el Shabat con nosotros; Shabat entendido como figura metonímica, representando el Judaísmo como un todo; Shabat como concepto abstracto, inasible, vinculado al tiempo y no al espacio; Shabat independientemente de la hora en que encendamos las velas; Shabat aun si no encendemos las velas… Shabat como vivencia interior, personal, para ser compartida, tal vez, en comunidad.
Vistos los eventos que se acumulan en Punta del Este durante el mes de enero, mientras se vacían las sinagogas de Montevideo, la pregunta podría ser: ¿dónde está lo judío? Acaso en el hecho social de una reunión de judíos, o en los contenidos judíos que volcamos en una reunión. La suma de individuos judíos, ¿da judío? De una manera u otra todos estos eventos de la agenda social judía de Punta del Este se vinculan con lo judío: tzedaká, Israel, reflexión, humor, y más aun, un Kabalat Shabat, como el que llevó a cabo la NCI el pasado 9 de enero. Lo social, cuando no es íntimo sino masivo, siempre tiene una razón real y objetiva que lo motiva: un torneo de golf o de tenis, una cena de recaudación, una conferencia. El hombre rara vez escapa al deseo de conversar y relacionarse con sus semejantes; cualquier excusa es buena y válida.
|
La palabra clave bien podría ser “semejantes”. Las reuniones sociales son reuniones de semejantes, gente que se asemeja una a otra en alguna característica que se torna relevante precisamente en esa reunión; todo el resto de nuestro complejo sistema de pertenencias e identificaciones es secundario al momento de ser parte de un evento; ese tiempo lo dedicamos a pertenecer. Ya sea que juguemos al tenis, nos interese la beneficencia, o un hecho cultural. En el caso de los eventos de instituciones judías, por detrás de la causa objetiva del evento, yace nuestra condición de judíos. Estamos allí porque somos, porque pertenecemos.
En sus contribuciones a tumeser.com el filósofo Darío Sztajnszrajber se ocupa reiteradamente del adentro y del afuera, o los límites formales o formalizados de lo judío. Pertenecer no es un tema menor porque su contracara es la exclusión. El mundo está lleno de excluidos. La semana pasada decíamos que no hace tanto nosotros, los judíos, formábamos parte de esas mayorías excluidas. Sin embargo, sin descuidar la otra cara de la luna, la cara eternamente oscura, ponderar la sensación de pertenencia en forma adecuada puede ser un primer gran paso en la construcción lo judío. En este caso, pertenecer es un tema mayor porque implica el reconocimiento de uno mismo como parte de un colectivo. Si no nos sentimos parte de, difícilmente podemos ser aquello que no reconocemos como igual a nosotros.
El problema podría suscitarse si lo judío se convierte en una clase social. El judaísmo es muchas cosas, pero claramente no es una clase social. En esta hipótesis se acentuarían las características xenófobas y perseguidoras de lo judío, cuando son tanto más seductoras las cualidades que privilegian la diversidad y el reconocimiento del prójimo. Un judaísmo social excluye no sólo a los gentiles, sino a otros judíos.
Si Punta del Este implica lo frívolo, lo social, la opulencia, y la vanidad, no podemos evitar que estas características se cuelen en el quehacer judío de la temporada; nada de lo humano nos es ajeno, parafraseando al romano Terencio. Las causas que generan estos eventos son centrales a la vida judía, y todas y cada una contribuyen a construir identidad, porque la identidad también es diversa. Un rabino contando chistes podría ser tan efectivo como un rabino predicando desde un púlpito; una conferencia de un personaje ilustre puede convocar minián para decenas de sinagogas.
Llevar el judaísmo con nosotros de vacaciones no es sólo saber que formamos parte. Cuando nos recuerdan que es Shabat nos invitan a detener nuestro tiempo para ser parte de ese otro tiempo. Tenemos la posibilidad de no sólo pertenecer, sino de, íntimamente, ser. Porque en un rezo, ya sea en una sinagoga, en el comedor de una escuela, o el salón de un hotel en Punta del Este, lo judío se despoja de su componente de clase para convertirse en una comunidad de hombres y mujeres en busca de significados, de paz interior, y un momento de pausa e introspección.
|
|