Rab. Ariel Kleiner
Viernes, 03 de Febrero de 2012 14:54
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5772 Beshalaj
Vivimos en un tiempo que va muy rápido. Se valora la inmediatez y la velocidad. Los medios de transporte recorren el mismo trayecto que antaño, pero ahora mucho más rápido. Las computadoras tienen más capacidad y más velocidad, para que nos podamos conectar a la red y no tener que demorarnos en bajar lo que estamos buscando. Los locales de comida rápida hacen furor, porque no estamos dispuestos a esperar algún otro tipo de plato. Los emails los podemos bajar desde distintos dispositivos para no esperar a recibir o responder el email que nos acaba de llegar hace tan solo dos segundos.
¿Cuándo perdimos la capacidad de esperar?
Cuando un bebe tiene hambre no le importa donde está, qué hora es, o que es lo que sus padres están haciendo en ese momento, él tiene hambre y lo hace saber hasta que alguien le provea el alimento deseado. En esta etapa de la vida no sabemos lo que es esperar. Es la cultura del fast food por excelencia.
A medida que vamos creciendo nos van enseñando, y si es posible vamos aprendiendo a lidiar con las frustraciones, a esperar. Vamos aprendiendo a respetar los tiempos y los espacios de otros.
Cuando vamos al médico, somos “pacientes”. Se espera de nosotros que esperemos con paciencia en la sala de espera. ¿Y cómo hacemos? Si hemos aprendido y hemos olvidado lo que es esperar.
El sociólogo Zygmunt Bauman en su último libro traducido al español La vida como obra de arte, nos habla justamente de cómo las personas valoramos el tiempo en la sala de espera y por el contrario de lo que nos parece no nos impacientamos, sino que queremos que ese tiempo se prolongue, es un tiempo de espera paciente.
Esta semana tendremos el día de Tu BiShvat, el año nuevo de los árboles. Tu BiShvat es una festividad que celebra la espera. ¿Por qué? En Tu BiShvat, el día 15 del mes de Shvat celebramos el año nuevo de los árboles. No podemos tener provecho (cosechar los frutos de los árboles) hasta que el árbol no cumpla su tercer año de plantado. ¿Pero cómo? - yo lo plante, en mi tierra, con mis semillas. ¿Cómo es que tengo que esperar? Tenemos el desafío de cuidarlo por los primeros años sin poder aprovechar sus frutos. |
Me recuerda el conocido relato que aparece en el midrash Tanjuma. Un anciano estaba plantando un árbol, el emperador Adriano pasó por al lado y le pregunta: ¿qué es lo que está haciendo? El anciano responde: Estoy plantando un árbol de dátiles. El emperador lo mira – algo risueño y le dice: pero sabes que ese árbol demora muchos años en dar sus frutos, seguramente tu no podrás probarlos. Es cierta tu observación, responde el anciano, pero cuando yo llegue a este mundo pude probar los frutos de los árboles que otros plantaron, ahora es mi turno de plantar para que otros puedan probar los frutos.
Fue una gran enseñanza la que le dejo el anciano al emperador. Le transmitió el valor de esperar, incluso esperar hasta la próxima generación.
Así los grandes líderes – como Moshe – puede que no lleguen a ver realizado sus sueños, pero que caminen en dirección.
La mishan en Pirkei Avot nos dice que no tenemos la responsabilidad de finalizar con toda la tarea, pero no estamos exentos de comenzarla, de hacer nuestra parte.
La Parasha de esta semana comienza diciéndonos que Dios no llevó al Pueblo por el camino de los Plishtim, que era el más directo. En hebreo dice: “Ki Karov Hu” – estas palabras son interpretadas de diversas maneras. Hay quienes ven en ellas un gran acto de misericordia de parte de Dios y leen “Ki Karov Hu” – porque Dios estuvo cerca de ellos, se apiadó de ellos y nos los puso en riesgo en el campo de batalla. RaShi y RaMBaN traen una interpretación más psicológica y dice que si hubieran ido por el camino más corto a la menor dificultad hubieran intentado volver a Egipto. Finalmente otros exégetas como Iben Ezra y Maimonides proponen que el camino más largo fue necesario para Israel como preparación para ingresar a la tierra prometida. El Talmud en el tratado de Eruvin (53b) dice: “Hay caminos largos que son cortos y caminos cortos que son largos” Creo que el texto esta semana nos habla de la importancia de respetar los procesos de aprender a esperar.
El día de Shabat como idea nos enseña a ser pacientes, a esperar. Nos enseña a tomar conciencia que nada pasa si esperamos 25 horas para responder un email, una llamada o lo que fuera.
En estos tiempos que van a gran velocidad el Shabat es un freno, una señal de “Pare” en nuestra semana.
La festividad de TuBiShvat nos enseña el valor de esperar. Esperar a que madure un fruto, un proyecto, una idea, nosotros mismos.
Quiera Dios que podamos desarrollar nuestra capacidad de esperar pacientemente.
Shabat Shalom |
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