Rab. Ariel Kleiner
Viernes, 27 de Enero de 2012 16:21
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Esta semana iniciamos el mes de Shvat, mes en el cual tenemos el año nuevo de los árboles que nos ayuda a renacer y vincularnos con la naturaleza y nuestras raíces. En la tradición judía todo comienzo de mes es como una suerte de Iom Kipur, un día de evaluación y corrección de norte. Comenzamos un año, una nueva etapa, un nuevo proyecto y sin duda volvemos a pensar sobre la actitud y la disciplina que nos ayudarán a poder concretar nuestros objetivos.
En la parasha de esta semana leemos las tres últimas plagas: langostas, oscuridad y muerte de los primogénitos. Cuando el texto describe la plaga de la oscuridad dice lo siguiente: “y dijo Dios a Moshe: extiende tu vara hacia el cielo y habrá oscuridad sobre la tierra de Egipto, una oscuridad palpable… cada persona no podía ver a su hermano, y no se movieron de sus lugares durante tres días, y todos los hijos de Israel tenían luz en sus hogares”. (Éxodo 10:21-29) “Joshej Mitzraim” – el concepto de “oscuridad de Egipto” se usa en el hebreo moderno para denominar a una oscuridad profunda que se sale de lo común, como la oscuridad de la plaga que sale de lo común al dejar a las personas inmovilizadas durante tres días.
Cuando releía el relato de esta plaga pensé en la pasividad de los egipcios. Si la plaga hubiera sido la ceguera, entonces lo que hubieran podido hacer era mucho más limitado, pero siendo oscuridad, ¿Por qué los egipcios no hicieron nada para combatirla? Podrían haber prendido velas, o a partir de la necesidad podrían haberse adelantado e inventado la electricidad. Pero sin embargo no hacen nada. Se comportaron pasivamente en lugar de ser creativos.
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“y no se movieron de sus lugares durante tres días” un terapeuta leería el texto como un estado de depresión, donde la melancolía rige las acciones. El paciente no se puede levantar de su cama, no consigue ser creativo para salir de su cuadro. La etimología de la palabra melancolía viene del griego, de un término compuesto que quiere decir: “animo oscuro”. Estar de “ánimo oscuro” es no estar de ánimo para levantarnos, es estar deprimido hasta tal punto que uno no consigue ver la luz. Quizás esto es lo que nos quiere proponer el texto. No tanto una oscuridad física (ausencia de luz), ya que si no hubieran buscado formas de combatirla, sino una oscuridad espiritual, un estado de ánimo, una depresión generalizada. ¿Dónde sí había luz? En las moradas de los hijos de Israel. En diversos lugares el texto nos propone que la distancia entre unas casas y otras no era muy grande (como por ejemplo cuando Miriam, la hermana de Moshe controlaba de cerca a su hermano cuando este fue hallado por la hija del Faraón). Esto es lo que nos hace pensar en la actitud pasiva que tuvieron, ya que ni siquiera los que estaban más próximos a la luz de los hijos de Israel pudieron tener una actitud diferente para cambiar su suerte.
En la literatura rabínica se habla de Tora Or, la Tora es Luz. La Tora da ánimo, el estudio nos motiva y nos invita a seguir. Que podamos en momentos de “ánimos oscuros” buscar luz y esperanza en el estudio, que es una forma de retornar a casa. Que sea un año de luz y esperanza, un año de actitudes positivas y creativas.
Shabat Shalom!
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