A mis compañeros de ruta David Raij y Daniel Fraenkel
Esta semana no puedo ni quiero evitar referirme a un hecho que ocurre en mi vida personal, pero en un espacio que se comparte con otros, que no es familiar en un sentido restringido o amplio, pero tampoco público en un sentido estricto: es el espacio comunitario. El concepto puede aplicarse a cualquier tipo de comunidad: por intereses, por discriminación, por ideología, por identidad sexual, política, o cultural; en este caso me refiero a lo comunitario judío. Aquello que tantos rehúyen y eluden ha sido para mí, junto con algunos queridos compañeros, una forma de vida que esta semana cierra un ciclo. Desconozco cómo sigue la historia. Hay un compromiso de apoyo y transmisión a quienes asumen ahora sus responsabilidades; pero sobre todo hay una sensación de deber cumplido, de cierto agotamiento ante los desafíos cotidianos, y una sensación casi intuitiva de que otros deben asumir el liderazgo y seguir escribiendo la historia de la comunidad. Por otro lado, siempre quedan proyectos no realizados, sueños y fantasías apenas esbozadas, y el satisfactorio cosquilleo de saberse útil y poder incidir en la vida de nuestros semejantes, como una suerte de ego sublimado a través de la acción comunitaria.
| |
|
Leer más... |