Múltiples significados para una misma raíz.
Una raíz para un árbol de significados. Un sitio para construir y resignificar.

Shabat
Ianai Silberstein    Sábado, 28 de Agosto de 2010 14:38 Imprimir

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En su prédica durante este Shabat el rabino Ariel Kleiner habló acerca de los rituales. Sus palabras pueden encontrarse en este sitio, como todos los shabatot. En vísperas de Rosh Hahshaná y Iom Kipur hablar de ritos y rituales resulta pertinente. Ritos vacíos; ritos re-significados. Entre unos y otros oscila nuestro judaísmo.

Cuando llegan estas fechas en el calendario hebreo nuestro judaísmo asoma. Como un iceberg que completo trata de subir a la superficie, en lugar de ocultar su mayor volumen debajo de las aguas, así nosotros tratamos de emerger como judíos con todo nuestro bagaje a cuestas. Mientras que durante la mayor parte del año lo judío es una pequeña parte de nosotros mismos, en estos días solemnes, o en los grandes eventos de nuestra vida, nuestro judaísmo empuja hacia arriba, hace fuerza para aparecer en toda su magnitud sobre la superficie de nuestras vidas. Entonces aquello que yace muy profundo, casi inadvertido, queda expuesto ante nuestros ojos y los de nuestros semejantes. Frente a una nueva vida, frente a la muerte, frente a un nuevo año, emergemos renovando nuestra identidad.

¿Cómo?  A través de los rituales. Así hacemos ciertas cosas quienes nos sentimos judíos. Así damos la bienvenida a un nuevo hijo o hija; así nos casamos; así penamos nuestras pérdidas. Como dijera el rab Ariel, cada cosa tiene un ritual. El peligro es que los rituales se vacíen de contenido. Conocer el porqué de cada ritual tampoco es suficiente; el conocimiento no hace a la vivencia; la vivencia se construye desde la significación. No se trata de buscar en un diccionario, ni preguntarle a un rabino por qué hacemos tal o cual cosa, sino de dotar a tal acción o costumbre de un significado para uno mismo. Que el ritual nos conmueva, nos “resulte relevante”, citando al rabino Alejandro Bloch. Para ello es fundamental el camino del conocimiento, pero no deja de ser un camino, un medio para un fin. Un fin no definitivo, por cierto, sino un permanente proceso.

Comer jalá y manzana con miel en Rosh Hashaná es un ritual y una costumbre. Comer guefilte –fish en las fiestas judías es una costumbre. Ambas resultan evocativas, conmovedoras, y llenan el momento de significados. Todos sabemos la importancia y carga semántica que trae consigo la comida, en nuestra tradición, en la cultura humana en general. Comer esto o aquello no es un detalle menor en la sucesión de ritos que construyen un espacio y un tiempo en nuestras vidas. Hay ritos y costumbres menos obvias: todos acudimos a escuchar el shofar en Rosh Hashana; pero, ¿cuántos lo escuchamos durante el mes de Elul? Un rito nunca está vacío del todo, pero es a la vez un manantial inagotable y un cátaro imposible de llenar, porque siempre surgirán nuevos significados, siempre estaremos ávidos de nuevas experiencias.

Cuando nos reunamos alrededor de las mesas a celebrar, cuando nos encontremos en las sinagogas, estaremos allí para re-significar los rituales.