Múltiples significados para una misma raíz.
Una raíz para un árbol de significados. Un sitio para construir y resignificar.

Jodesh elul tov
Ianai Silberstein    Viernes, 13 de Agosto de 2010 18:03 Imprimir

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La semana pasada citábamos la canción de Zvika Pick “Neesaf Tishrei” (puede ser encontrada en www.youtube.com) , haciendo especial hincapié en su contenido metafórico referido a la época del año que se avecina, los “iamim noraim”, Rosh Hashaná y Iom Kipur. Omitimos decir, y no es un detalle menor, que la letra de dicha canción es del poeta Natan Ionatán. Vayan entonces los honores a ambos, poeta y músico. No queríamos compartir una nueva editorial sin hacer esta corrección, esta “fe de erratas”. Uno puede equivocarse; el problema es no reconocerlo.
Viene al caso en este mes de Elul. Los rabinos están más aptos que cualquiera de nosotros para explicarnos los sentidos más hondos y complejos de la teshuvá, el perdón, el arrepentimiento Nuestro calendario marca esta época como especial para estas acciones, pero uno supone que cualquier época del año es buena para pedir perdón. De hecho, podemos pensar nuestras vidas como una sucesión de errores y enmiendas. La oportunidad de corregir, reparar, de volver a una senda, es un ejercicio continuo del ser humano.
Precisamente por su carácter gregario, social, familiar, no podríamos sobrevivir dignamente sin esa capacidad de perdón. El calendario hebreo elige esta época del año para resaltar este aspecto de nuestra esencia, del mismo modo que elige Pesaj para celebrar y pensar acerca de la libertad, la liberación, la redención. Por qué no pensar ambas fiestas, tan simétricamente colocadas en el calendario (en primavera y en otoño), como dos formas de renovación: la íntima, personal, sin embargo celebrada en comunidad; y la nacional, celebrada sobre todo en familia alrededor de una mesa. De alguna manera, el calendario hebreo se organiza alrededor de estas fiestas: Shavuot, cincuenta días después de Pesaj; Iom Kipur, diez días después de Rosh Hashaná.

El calendario hebreo, sobre el cual construimos nuestro judaísmo (Shabat, las festividades), nos recuerda nuestra dimensión moral. Cuando pensamos en la salida de Egipto, recordamos aquello de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, “por cuanto extranjero fuisteis en la tierra de Egipto” (Levitico 19, 34). Del mismo modo, “el día diez del mes séptimo (Tishrei) afligiréis vuestras almas (ayunareis)” (Levitico 16, 29), dedicando todo nuestro ser a la reflexión e introspección, en forma colectiva, comunitaria. Iom Kipur nos encuentra a todos en las sinagogas. Como día tan especial que es, nos enfrenta a todos y cada uno con su propio judaísmo, su vivencia del mismo, sus cuestionamientos y convicciones, sus ritos y tradiciones, sus encuentros y desencuentros. Inevitablemente, ese día enfrentamos nuestro ser judío de alguna manera u otra, lo cual nos lleva inevitablemente a cuestiones morales: ¿cuál ha sido mi actitud? ¿mis acciones y contribuciones? ¿mis vínculos con mis semejantes? ¿con mi comunidad? ¿con mi familia, mis seres queridos? Del mito fundador nacional, lleno de leyendas, historias, y valores, a la experiencia personal e íntima; de Pesaj a los Días de Reflexión. Siempre nos movemos en un eje moral y ético.

Así como Shabat es un hito en la semana, en la vida cotidiana, los primeros diez días del Nuevo Año Hebreo preparan un día de recogimiento y reflexión. Más allá del perdón o el arrepentimiento, de la autenticidad de nuestros propósitos, más allá de la falibilidad humana (que de eso se trata, precisamente), yace la permanente dimensión moral de nuestra existencia. No podemos eludirla; es buena cosa, entonces, enfrentarla con las herramientas que nos da nuestra tradición.

Jodesh Elul Tov!