Múltiples significados para una misma raíz.
Una raíz para un árbol de significados. Un sitio para construir y resignificar.

Último mes del año
Ianai Silberstein    Lunes, 09 de Agosto de 2010 12:32 Imprimir

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Esta semana comienza el último mes del calendario hebreo, Elul. Siempre que llegamos a esta época del año me recuerdo de una hermosísima canción de Zvika Pik: “Neesaf Tishrei”, cuyo sentido y significado exceden largamente esta página. Sin embargo, del hebreo poético y altamente metafórico uno intuye la sensación de recogimiento, de resumen, de punto de inflexión; por asociación, de reflexión. La canción comienza diciendo algo así como “muere Av, muere Elul, y se recoge Tishrei y muere con ellos”. Me resulta fascinante esta imagen del tiempo resumido en un punto cero, absoluto, atemporal. Cierre y comienzo, a la vez que ninguna de las dos cosas. La imagen cobra especial fuerza a través de la idea de muerte: no es un ciclo, sino una muerte, y una nuevo tiempo, Tishrei, que se apoya sobre ella. Una idea muy jugada, como siempre ha sido Zvika Pik: morir para volver a nacer.

Zvika Pik no es ajeno a la tradición en la que se crió. La canción está llena de metáforas y alusiones bíblicas acerca de tiempos de cierre acompañados de renovación. Todos conocemos esta época de Iamim Noraim, o Días de Arrepentimiento, como una época de revisión, de perdones, de balances, y de cierto temor ante el misterio último de la existencia. Aquello que repetimos en forma casi automática de que “seamos inscriptos en el libro de la vida” no es sino un deseo ante el temor de la muerte, o por extensión ante las grandes incógnitas de la existencia. Porque en definitiva nada es más cierto que la vida, y eso es lo que nos deseamos: que seamos no sólo inscriptos, sino que, al final del proceso de “teshuva”, que seamos rubricados.

¿Qué balances hacemos entre Rosh Hashana y Iom Kipur? Seguramente hay balances personales, íntimos, entre nosotros y nuestros semejantes: familia, amores, amigos, relaciones laborales y comerciales. Por otro lado, están los balances que, como una parte de los preceptos, son entre nosotros y Dios; una vez más, entendiendo “Dios” como metáfora: de lo inabarcable, de lo inexplicable, y de nuestra relación y actitud con nuestra identidad como judíos. No en vano Iom Kipur es EL día judío por excelencia, en forma excluyente. Usando la imagen de centro y periferia, en Iom Kipur todos confluimos hacia el centro de la vida judía. Tanto es así, que rebosamos todos los espacios dedicados al culto. De una forma u otra, todos nos reunimos haciendo honor, más que nunca, al concepto de Bet Hakneset, “casa de reunión”. Simplemente porque somos un colectivo, y actuamos como tal. Aun momentos tan hondos y personales como Izcor son compartidos en comunidad.

De chico siempre me impresionó no sólo la blancura con que vestimos las sinagogas y los rollos de la Torá, sino especialmente las largas túnicas blancas de los oficiantes y gentes de profunda fe. Una suerte de mortaja para una etapa que muere, y la expectativa de una vida nueva y mejor. Ficciones simbólicas que nos permiten conectar con los profundo, con las sensibilidades no cotidianas. Si este sitito en la red tiene un fin, probablemente el fin último, ambicioso, difícil, es ese: conectar con los signos que constituyen nuestra vida como judíos, mujeres y hombres, ávidos por vivir y dotar de significado la vida