Múltiples significados para una misma raíz.
Una raíz para un árbol de significados. Un sitio para construir y resignificar.


Sergio Garfinkel

Homeopatías contra el miedo: gratitud, aportes y vitalidad

Primero que nada querría hacerles notar o que subrayemos juntos lo indisociable, mutua y recíprocamente ligado que está el modo en que nos vinculamos con el otro con el modo en que nos vinculamos con nosotros mismos. Lo vinculado que esta la relación de uno con uno mismo, con la que uno establece con un otro semejante y con un otro diferente. A lo largo de todo lo que les diré, voy a tratar de poner énfasis en la relación entre sí de los dos términos del título del panel.
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Editorial
Ianai Silberstein    Jueves, 04 de Marzo de 2010 14:49 Imprimir E-mail
No hace dos meses, desde esta misma página, pedíamos que “en este Shabat, durante el silencio de la Amidá (la oración que leemos en silencio y de pie), sumemos sentido a un mundo dislocado por un terremoto en una isla del Caribe”. En vísperas de este Shabat, las malas noticias han llegado de Chile, la espina dorsal de nuestro continente. Las apelaciones a lo divino, como sea que se conciba, seguramente se han convertido en parte del discurso cotidiano de todos los afectados. Este Shabat, las comunidades judías de Chile rezarán por el alma de los muertos en la tragedia y por la seguridad de los sobrevivientes. Todos debemos sumarnos.
La tragedia de Chile no tiene las connotaciones sociales de aquella de Haití, pero es igualmente trágica, valga la redundancia. Más allá de los datos objetivos (cantidad de muertos, edificios destruidos, carreteras cortadas, puentes caídos, etc) que marquen ciertas similitudes o diferencias, un muerto es un muerto en Haití o en Chile. Sin embargo, Chile difícilmente tenga refugiados; desplazados, evacuados, probablemente. Pero la diferencia es enorme, y obvia. Mientras uno es un país gravemente subdesarrollado, el otro es una de las potencias latinoamericanas; mientras en Chile la construcción prevé sismos, en Haití notoriamente no. Si bien el saqueo copó la realidad, nadie tiene dudas que en un tiempo acotado, limitado, y definido, Chile volverá a la normalidad. En Haití, nadie puede afirmar nada similar.

En su reciente libro “El Vértigo de las Listas”, el semiólogo Umberto Eco explica, por medio de una extensa pero, como él mismo admite, nunca exhaustiva antología de textos e imágenes las diferentes “listas” que podemos encontrar en las artes y en la vida real. El fin de este recurso sería transmitir lo inasible, lo inaprehensible, lo indecible. Por medio de la acumulación, producir una sensación de sobrecogimiento.

El terremoto en Haití, como fenómeno natural, pareciera ilustrar “las listas” que tanto apasionan a Umberto Eco. El terremoto en Chile, por el contrario, representa lo opuesto. Paradójicamente, nada tiene que ver el tamaño objetivo de cada país, ni la geografía de sus fronteras. Lo que hace del fenómeno haitiano una hipérbole es precisamente la dimensión humana de la tragedia; es una acumulación inconmensurable de pequeñas tragedias; la falta de recursos y respuestas, la fragilidad de las mismas, la impotencia del gobierno, dan esta sensación de vértigo que describe Eco. El vértigo como metáfora de lo incontrolable, lo que nos supera.

Chile, por el contrario, aun cuando el terremoto fue de mayor intensidad según la escala Richter, no produce la misma sensación. Chile está en condiciones de controlar su tragedia, de ayudar a su gente, de prever mayores desgracias, y de acotar el daño. Chile puede reconstruirse en un tiempo determinado, finito. Al contrario de la “lista”, Chile es un evento que comienza, se desarrolla, y eventualmente, termina. Por lo menos, todos tenemos la sensación de que terminará en un momento dado.

La “lectura” de la naturaleza y sus fenómenos, y cómo el hombre los enfrenta, también constituyen aprendizajes. La forma en que nos organizamos frente a estos hechos, nos permite, como si leyéramos un texto, encontrar diferentes significados.