Giuliana Alpern
Lunes, 23 de Agosto de 2010 21:01
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Gwyn, un galés, llega a Buenos Aires y decide alojarse en un departamento compartido en donde encuentra a un profesor desocupado, una agente inmobiliaria, y una pintora en vías de fracaso. El profesor trata de explicar un raro e imposible plan para vender a la NASA un sistema para producir agua potable a partir del agua de mar intentando hacer partícipes a la agente inmobiliaria y a la pintora en él. El plan es complicado y ridículo, explicado en detalle por el profesor se torna aún más oscuro y enmarañado. Mientras tanto, Gwyn observa entre atónito y desconcertado el excéntrico trío ellos siguen con su debate que es debacle de palabras inconexas y desconcertantes. Es allí que una voz en off (es la de Gwyn) dice: “Yo no creo en el infierno. Pero sin embargo estoy aquí”. Las palabras producen hilaridad en el público.
Dos lenguas, la comunicación aparente y puentes que son los únicos cables a tierra de la obra. Escribía Freud en El malestar en la cultura “Para ser feliz. Hay que hacerse el estúpido o simplemente serlo”. Muchas veces la risa es un recurso al que echamos mano para ahogar el llanto mientras que los sueños nos proveen un mundo que aunque complejo y enmarañado que nos conviene porque la vigilia nos remite a una realidad infernal y es allí que se entiende la frase de Gwyn “Yo no creo en el infierno. Pero sin embargo estoy aquí”.
La comunicación
Buenos Aires gira entorno a un tema
recurrente en Spregelburd: la incomunicación. En forma de grotesco y
comedia el director expone las diferencias culturales y sobre todo
idiomáticas entre el mundo galés y el mundo argentino. Que paradoja, un
casi inglés teniendo algún que otro problema de comunicación con un
argentino. De todas maneras este no es el punto más profundo de la
incomunicación sino que los mundos interiores de estos personajes. Al
parecer todos se conocen, dialogan, comparten meriendas, whisky, tango y
cumbia, sin embargo ninguno conecta con su mundo interior y los
secretos de vida son fuertemente guardados. Quizás esto se represente
más fuertemente con los pensamientos de Gwen que son transmitidos a
través de una voz en off que nadie escucha, sólo el espectador, un
espectador voyeurista que pisa el escenario a la hora de entrar al
teatro. Gwen es el único personaje que demuestra problema de
comunicación hasta con él mismo. Sus pensamientos son vagos, hasta que
puede decirse a el mismo, o al público, lo que está pasando dentro de él
realmente.
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Los puentes
Sin embargo la no comunicación no es constante. Algunos puentes se construyen y los personajes se conectan a través de los mismos. No son puentes verbales sino que emocionales y corporales. sinceros contundentes, directos y por sobre todas las cosas movilizadores. El agua debe correr debajo del puente para sanar las heridas.
Buenos Aires
Un excelente título para esta nueva puesta en escena de Rafael Spregelburd. Una gran ciudad con muchos habitantes que se ven las caras todos los días y que dialogan pero no se comunican. Nadie sabe lo que realmente le pasa al otro y hasta se siente extranjero en su propia tierra.
Ficha técnico artística
Autoría: Rafael Spregelburd Actuan: Andrea Garrote, Monica Raiola, Rafael Spregelburd, Alberto Suárez Vestuario: Julieta Alvarez Escenografía: Santiago Badillo Iluminación: Santiago Badillo Fotografía: Kirsten McTernan, Adrián Salgueiro Asistencia de dirección: Pablo Seijo Producción: Corina Cruciani Dirección: Rafael Spregelburd
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