Múltiples significados para una misma raíz.
Una raíz para un árbol de significados. Un sitio para construir y resignificar.


Lic. Orlando Petinatti

Es un conductor de radio y TV y empresario uruguayo. Se hizo conocido por su programa radial Malos Pensamientos, emitido originalmente por Emisora del Palacio en 1991, desde 1992 a 1994 por CX 32 Radiomundo, luego por Océano FM, desde 2004 a 2009, por Radio Futura, medio que también dirigió y en el año 2010 es emitido por Azul FM 101.9. Se antepuso el título de Licenciado a su nombre artístico con un fin humorístico.
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Editorial 19.02.10
Ianai Silberstein    Viernes, 19 de Febrero de 2010 15:30 Imprimir E-mail
La semana pasada nos asomamos tímidamente al Carnaval como fenómeno cultural nacional. Coincidentemente, y no tanto, esta semana festejamos Purim cuando finalice Shabat. Más o menos el mismo espíritu alimenta ambas celebraciones, con todas sus obvias similitudes. Sin embargo, y tal como lo explica el Rabino Ariel Kleiner en este mismo sitio, Purim es una festividad donde el precepto no es sólo alegrarse, sino también dar, ofrecer, brindarse. En el contexto de alegría desenfrenada, bebida en abundancia, identidades cambiadas, en fin, caos, surge un precepto moral y ético por excelencia: dar, o cualquiera de sus conceptos equivalentes o asociados. ¿Quién puede agudizar el discernimiento, en medio de una alegría desenfrenada y etílica, de modo de poder ofrecer algo al prójimo? Difícil. Pero como tantos mandamientos o preceptos, no están allí por posibles, sino por ideales. Porque apelan a lo mejor de nosotros aun cuando no seamos, literalmente, nosotros mismos, sino una versión extrema de nosotros mismos.

En estos días ocupan mi mesa de luz dos libros: “El Mono Desnudo” de Desmond Morris, en una segunda lectura; y “Ser Cristiano”, de Hans Kung, en una primera y tímida aproximación. El primero desarrolla una teoría zoologico-evolutista del ser humano, creando un modelo por el cual explica los grandes parámetros del comportamiento humano. Escrito en los años cincuenta o sesenta, adhiere a un discurso más simplista que el que probablemente adoptaría hoy en día. En esencia, porque pretende que todo sea explicado por ese modelo. El mundo posmoderno nos ha mostrado que toda realidad es mucho más compleja que lo que un modelo puede abarcar. Por otra parte, el libro de Kung tiene como motivo revalorizar el “ser cristiano” o “lo cristiano” en el contexto de la sociedad moderna. Para un no-cristiano, sin embargo, el libro promete reflexiones válidas y enriquecedoras acerca de la espiritualidad, la religión, y el lado ético del hombre; es una lectura difícil, pero prometedora.
D. Morris explica las religiones como una extensión más elaborada del espíritu exploratorio del ser humano, o “mono desnudo”, como él llama a nuestra especie; rasgo que nos viene de nuestra adaptación evolutiva como carnívoros cazadores, a diferencia de nuestro origen simio y recolector. Así, la religión se inscribe en el mismo nivel que el arte, la música, el lenguaje: es nuestra necesidad de explorar y controlar el medio que habitamos. Morris concluye que, aun con todo nuestro desarrollo y avances tecnológicos, no dejamos de ser criaturas motivadas por premisas básicas e inalteradas, en términos evolutivos, en los últimos miles de años.

Si D. Morris mira al Hombre desde la perspectiva animal, Kung sin duda lo hace desde una perspectiva “divina” o superior (superior de “arriba”, no en un sentido calificativo); su objetivo es sustentar los valores éticos que hacen tan particular nuestra existencia, y que él engloba en “lo” cristiano. Del mismo modo que en tumeser.com intentamos reflexionar acerca de nosotros mismos desde “lo” judío.

Pero desde un lado u otro de la escalera, en la que subimos y bajamos permanentemente, como en el sueño del patriarca Jacob, subyace, y no tan profundamente, sino a flor de piel, este lado más complejo de nuestro ser: la tensión, el conflicto permanente entre nuestros instintos y necesidades más básicas y nuestros ideales más sublimes. Si nuestra noción de territorio nos hace defender el nuestro en forma incondicional, nuestra noción del “otro”, que es un concepto moral altamente elaborado, nos empuja a actuar de otro modo, lo que genera un conflicto interno. Si consagramos nuestra vida a ideales supremos, si pretendemos ser sobre todo útiles a nuestra sociedad y nuestros semejantes, seguramente dejemos de lado nuestras necesidades más personales y mundanas: desde el celibato de los sacerdotes católicos, hasta la vida privada de un político o un dirigente comunitario.

El precepto de ofrendar en Purim es un recordatorio de nuestro lado ético en medio del desorden y el caos. Como siempre, una festividad no hace sino representar, en un período de tiempo y a través de rituales específicos, valores y conflictos con los que convivimos a diario. Como nadie puede vivir con esa percepción en forma cotidiana, el calendario aparta días para dedicarlos a pensar y recrear esos conflictos, esas preocupaciones. El día semanal dedicado al culto y a Dios (llámese Shabat, Domingo, o Viernes), también es una oportunidad de conciliar nuestros extremos.