Giuliana Alpern
Jueves, 04 de Febrero de 2010 17:39
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Después de El niño argentino , Mauricio Kartun vuelve a hincarle el diente a la clase alta argentina de principio del siglo pasado. Y lo vuelve a hacer con una combinación deliciosa de gracia, ironía, crueldad y palabras exquisitas. Lo vuelve a hacer con maestría. Mauricio Kartun es un hombre que insiste todo el tiempo que no es director teatral, sino que “se hace el director”. Sin embargo el teatro de este director y dramaturgo argentino esta colmado de imágenes, mundo y palabras. Una noche calurosa de enero se presentó en el teatro Solís de Montevideo Ala de Criados.
Ala de criados, Dependencias de servicio de las viejas mansiones. Habituales en los hoteles y clubes.
Semana trágica,
Disturbios sociales sucedidos en Buenos Aires en enero de 1919. Se daba
en Argentina un incipiente proceso de industrialización en forma
paralela al viejo modelo agroexportador lo que permitió la formación de
un proletariado urbano. Corrientes de pensamiento revolucionario
anarquista y marxista llegadas al país de la mano de la abundante
inmigración europea, encendían entre los trabajadores la llama de la
revolución social. LA reciente experiencia de la Revolución Rusa era
vista como una esperanza por los obreros. Y como una amenaza pavorosa
por las clases dominantes. Liga patriótica, Guardia Cívica.
Organización paramilitar que en defensa de sus intereses alistó contra
las grandes huelgas del año 19 a sectores económicamente poderosos
junto a otros de clase media que creían en su arenga.
Pigeon Club, Club de tiro de paloma.
En la modalidad Shotting colombaire un lanzador de paloma a brazo
arroja al animal con una pirueta que impide conocer el rumbo antes del
disparo. Histórica institución de Mar del Plata. En las buenas épocas
llegaban a lanzarse allí más de cinco mil palomas por semana. Las que
no caían al mar, muertas o heridas, eran donadas a los asilos de
caridad.
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Una paloma muerta, una gaviota muerta: ¿alegoría latinoamericana a La Gaviota de Chejov? Muy probablemente. En el marco de las huelgas y la represión de la semana trágica de enero de 1919, Kartun ubica a los finísimos y aristocráticos primos Guerra (Tatana, Emilito y Pancho) en un elegante club marplatense donde podían asolearse, jugar tiro al pichón y degustar Bloody Mary sin solución de continuidad. En Mar del Plata, Pancho Emilito y Tatana están moldeados por el brillo europeo que conviven junto a un abuelo omnipresente. Conversan de espaldas al Torreón y alejados del ruido de las masas que, en la ciudad, claman por algo más que pan. Tal vez porque esos “negros” ni siquiera los rozan, Pancho, Emilito y Tatana visten de un blanco inmaculado. Son lisa y llanamente, los representantes de esa elite ilustrada, de esa civilización bosquejada por Sarmiento allá por 1845. Son personajes que Kartun convierte en cercanos y lejanos a la vez.
Como figura contrapuesta, Pedro, el criado, un “bárbaro edulcorado”, uno de esos a los que hay que temer porque a diferencia de los bárbaros sin edulcorar, tiene ambiciones que exceden a la de un plato de comida. Pedro es la representación de esa clase media capaz de vender a su propia madre con tal de salvarse.
Según el texto presentado por el director argentino las metáforas son ambiguas, la poesía retrata la realidad de una manera vaga, esa de las que todo el mundo se siente identificado y de la que las clases altas se alimentan. Lo importante es el retrato minucioso del mundo en el que vivimos, una comparación con consistencia. Sin embargo esto atrae poco y las metáforas, ya sean de amor o de revolución, son mucho más amenas para pasar un verano divertido y caluroso. La clase aristocrática aburrida las elije y, sin querer o quizás por modismos, las adopta. La realidad no se quiere escuchar, la verdad, la que Pedro tiene para decir por ejemplo, es evadida. La metáfora prevalece y por eso no existe un final cerrado, sino una metáfora abierta que el espectador deberá completar.
Intérpretes: Alberto Ajaka, Esteban Bigliardi, Rodrigo González Garillo y Laura López Moyano. Escenografía: Graciela Galán. Vestuario: Gabriela Fernández. Iluminación: Alejandro Le Roux. Diseño de movimiento: Luciana Acuña. Diseño de sonido: Guillermo Juhasz. Asistente de dirección: Gabriela Fernández. Teatro del Pueblo. |
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