Giuliana Alpern
Viernes, 27 de Noviembre de 2009 20:12
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Mark Whitacre (Matt Damon) es un alto empleado de la empresa multinacional agraria ADM (Archer Daniels Midland) de Illinois. Casi por casualidad se convierte en espía e informante del FBI al descubrir la práctica ilegal de acuerdos de fijación de precios de productores del agro en el mercado internacional. Steven Soderbergh, director de Erin Brockovich, plantea así un juego de espías en tono de comedia que permite viajar al espectador por Estados Unidos, Mexico, Japón y Suiza. Todo parece tener mucha coherencia, Mark Whitacre simula ser un hombre con firmes convicciones morales y con un grado de inocencia importante. Sin embargo, a medida que la trama avanza, se develan ciertas características de este personaje que lo muestran con un carácter ambiguo y contradictorio, con evidentes síntomas de bipolaridad. Mark es definitivamente un genio que basó su éxito en la mentira, pero principalmente en el absurdo y desde allí se permite jugar y manejar las situaciones y personas que lo rodean. Quizás una forma de develar las falencias de un mundo globalizado, materializado y subordinado al mercado y los negocios donde los “fuera de la regla” sorprenden, desorientan y dan un espacio al engaño.
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La película está basada en una historia real pero en ningún momento
pretende ser un retrato biográfico y fiel. La puesta en escena no lo
permite porque al parecer los 70´s están de moda. El manejo de cámara,
la dirección de actores, la banda sonora y un montaje que construyen un
discurso juguetón que hace alusión a películas de varios géneros y
estilos de la época. La historia se narra desde el punto de vista de
un observador involuntario que parece estar presente en la mayoría de
las escenas. Por cierto, es el mismo Soderbergh quien está detrás de la
cámara y aparece en los créditos con el seudónimo de Peter Andrews. La
iluminación y los encuadres están construidos e iluminados según las
convenciones de películas de espías o thrillers. A través de la banda
sonora el protagonista comparte su pensamiento y reflexiones. Withacre
es un parlanchín imparable que acompaña cada decisión que toma con una
confesión verbal. La música que ilustra y le pone ritmo a la trama es
otro de los aciertos del filme. En cada escena el diseño sonoro aporta
un comentario aparte que juega con temas de películas de espías —James
Bond y Mata Hari— filmes de guerra y piezas musicales que recuerdan el
tono irónico de Woody Allen.
Para los no amantes de Matt Damon,
esta es una película para poder darle una nueva oportunidad. Para los
amantes de Steven Soderbergh, es una película que retrata el cine al
que nos tiene acostumbrados. |
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