Rab. Ariel Kleiner
Viernes, 19 de Febrero de 2010 13:27
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El placer de dar
Cuando el próximo Shabat llegue a su fin estaremos ingresando en la festividad más alegre de todo el calendario, la fiesta de Purim. Una suerte de Carnaval judío. Purim es el momento del año donde nos disfrazamos, donde todo se da vuelta. Con el debido respeto y moderación se nos prescribe beber “hasta no poder distinguir el bueno del malvado” en la historia de la Meguila. En medio de todo este día dado vuelta tenemos dos mitzvot – dos preceptos – que cumplir (más allá de leer la historia de Esther) que son Mishloaj Manot Ish LeReu veMatanot LaAniim – Ofrecer elementos para compartir la comida festiva del día a nuestro prójimo y hacer regalos a las personas necesitadas.
Los preceptos del día de Purim llaman la atención, ya que no solamente se nos ordena satisfacer necesidades de las personas que lo requieren, sino también ofrecernos a aquellos que no lo necesitan.
Es interesante que todo esto ocurre en un momento en el que debemos estar alegres. Alguien podría preguntarse: si el objetivo es estar alegres, ¿por qué no nos piden que hagamos alguna actividad que nos de placer, algo que disfrutemos, que quede al libre albedrío de cada uno? y no tener que salir a buscar a las personas que lo necesitan o ocuparnos de sus necesidades.
Justamente la clave está en que la festividad de Purim no está centrada únicamente en la persona que lo necesita sino en el que ofrece. Purim hace hincapié en el dar, por eso tenemos preceptos relacionados con el dar a personas que lo necesitan y preceptos relacionados con el dar a personas que no lo necesitan. Aquí está la clave.
Purim nos propone encontrarnos con la sensación de dar y registrar que esa sensación de poder dar, de poder ofrecer y ofrecernos nos da alegría y felicidad. La alegría que debemos tener en la festividad.
Como una suerte de preparación para estos preceptos de Purim que estaremos cumpliendo la próxima semana, leemos este Shabat Parashat Truma.
Parashat Truma comienza diciendo: Habla a los hijos de Israel “VaIkju Li Truma” – y que tomen para mi una ofrende. ¿No hay un error? ¿Cómo que “tomen”? ¿No debería decir que den o que entreguen?
Pero no, la Tora nos invita a pensar nuestro sentimiento al dar. Cuando damos - recibimos, recibimos un sentimiento que no se describe con palabras sino que hay que experimentarlo al dar, al ofrecernos. Al poder darle a la persona necesitada su alimento o su vestimenta, al poder regalar lo que a nuestro prójimo le es útil. Poder dar es una bendición, poder experimentar lo que se siente al dar es una vivencia que no tenemos porque dejarla pasar.
La Parasha de esta semana nos habla de dar, de aportar para la construcción del tabernáculo - el santuario móvil que teníamos en el desierto. Después de esta invocación a sumarnos y participar la Tora trae otro versículo, un versículo profundo que en muchas oportunidades lo vemos escrito en las paredes de las sinagogas: “VeAsu Li Mikdash, VeShajanti BeTojam” Van a edificar para mi un santuario y Yo – dice Dios – voy a residir entre ustedes.
¿Cómo? ¿Nuevamente un error? ¿Para qué hacemos el santuario? ¿No será ahí la morada de Dios?
La Tora nos dice: Edifiquen un santuario y Yo residiré entre ustedes.
Dios no habita en los edificios sino que está donde está la gente.
La Tora nos enseña a dar, a ofrendarnos. Dios está donde está la alegría de los que se ofrecen de corazón.
Solamente dando, ofreciendo, podremos llegar al ideal de la alegría en la festividad de Purim.
Parashat Truma cumple la función de recordarnos la sensación que nos genera el dar (para prepararnos de esta forma para la próxima semana durante la festividad cumplir con los preceptos de Dar) y nos recomienda – si tenemos la posibilidad – de no privarnos de experimentarla.
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