Rab. Ariel Kleiner
Viernes, 22 de Enero de 2010 23:05
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Hace dos semanas compartí una noche con los chicos en el Majane. Una vez que el sol se ocultó le dio lugar a la oscuridad de la noche, habilitándonos para ver las estrellas que recordaban la promesa que Dios le hizo a Abraham “haré de ti una gran nación, como el número de las estrellas, ¡cuéntalas si puedes!”
Cuando llega la noche, hay quietud, menos ruido, menos distracción. Algunos prefieren este tiempo para leer una buena novela o para estudiar. Un tiempo sin interrupciones. Cuando vamos al cine, mientras pasan los cortos queda encendida una luz muy tenue, la cual se apaga justo antes de empezar la película que fuimos a ver. La oscuridad anuncia el comienzo.
La parasha de esta semana enumera las últimas tres plagas que tuvieron lugar en Egipto antes de que el Faraón liberara a los hijos de Israel. La anteúltima plaga es justamente: Oscuridad.
¿Por qué la oscuridad es una plaga?
Como dice Shakespeare en Hamlet: “Nada es bueno o malo, sino que el pensamiento es lo que hace que las cosas sean buenas o malas”
Shakespeare nos propone que todo es subjetivo, dependiendo con que asociamos el concepto será bueno o malo.
Así la oscuridad puede ser muy buena cuando estamos una noche estrellada con amigos de majane, estudiando, o en el cine a punto de compartir una buena película. Pero también la oscuridad puede ser una plaga como la que tuvo lugar en Egipto.
Veamos qué es lo que nos dice la Tora respecto a esta “oscuridad”
“Dijo Dios a Moshe: Extiende tu mano hacia los cielos y habrá oscuridad sobre la tierra de Egipto – una oscuridad que es posible palparla. Y extendió Moshe su mano hacia el cielo y hubo una profunda oscuridad sobre la tierra de Egipto durante tres días. No era posible que una persona viera a su hermano y no se levantaron de sus moradas durante tres días, sin embargo los hijos de Israel tenían luz en sus moradas” (Exodo 10:21-23) Estos tres versículos son ¡Tremendos!
“Una oscuridad que es posible palparla”
Oscuridad de “tres días”
“no era posible que una persona viera a su hermano”
“no se levantaron de sus moradas”
El midrash (Shmot Raba 14:2) llama a la plaga de la oscuridad “la plaga del infierno/Geinom” La primera obra de creación de Dios fue la luz, el retornar a un estado de oscuridad es retornar a un estado que antecede a la creación del mundo, un estado de caos y desorden.
Oscuridad puede haber también en un eclipse, pero sólo dura unos minutos. No hay fenómeno natural que nos deje en las tinieblas durante tres días. Como la Tora hace hincapié en “no era posible que una persona viera a su hermano”
Y “no se levantaron de sus moradas” un terapeuta leería el texto como un estado de depresión, donde la melancolía rige las acciones. El paciente no se puede levantara de su cama, no puede sociabilizar.
La etimología de la palabra melancolía viene del griego, de un termino compuesto que quiere decir: “animo oscuro”.
Estar de ánimo oscuro es no estar de ánimo para levantarnos, para sociabilizar. El Talmud en el tratado de Brajot (9b) se pregunta: ¿a partir de cuando podemos recitar las plegarias de la mañana? Y responden a partir de que uno puede reconocer a su hermano. Solamente cuando vemos en el otro un hermano tenemos la posibilidad de iniciar la oración.
Entonces, volvamos a Shakespeare: “Nada es bueno o malo, sino que el pensamiento es lo que hace que las cosas sean buenas o malas”
Hay un margen de subjetividad en las cosas. La oscuridad no siempre es mala, pero hay momento en los que se vuelve una plaga.
Cuando llegue al majane me di cuente que me faltaba una linterna y se me haría difícil pasar la noche, llegar a la carpa, abrir el bolso, encontrar las cosas y cambierme. Esa misma oscuridad que se disfrutaba fuera de la carpa mirando el cielo estrellado, asustaba dentro de la carpa sin una linterna.
Finalmente un amigo, o un “hermano” me presto una linterna para poder pasar la noche. Es en estos momentos de oscuridad cuando entendemos el valor de la luz. Quiera Dios que siempre podamos tener nuestras linternas interiores encendidas para iluminar la oscuridad y poder ver en el prójimo un hermano. |
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