Por Gabriel Ben-Tasgal para Guysen International News
|
Israel podría repetir la problemática trampa “Yasser Arafat”. En 1993, la dupla gobernante de Israel, Itzjak Rabin-Shimón Peres, decidieron impulsar un proceso de diálogo basado en el renacimiento político de un personaje que era un “cadáver andante”, Yasser Arafat. Israel escogió su socio para la paz, reforzando su posición internacional y en la calle palestina. Cuando Arafat comenzó a coquetear con la idea de regresar al sendero de la violencia o cuando no combatió el terrorismo del Hamás, las autoridades de Israel debían enfrentar la dura disyuntiva entre asumir que “Arafat no era un socio confiable como creímos al firmar Oslo” o “mantenerlo y reforzarlo porque la alternativa era peor”. Israel quedaba encadenaba a un líder problemático y dispuestos a sufrir. Un error que no debería repetirse.
La Guerra del Golfo de 1991 comenzó a enterrar definitivamente a Yasser Arafat. Tras ser derrotado en la Guerra del Líbano de 1982, fue exiliado a Túnez desde donde perdió poder e influencia en la calle palestina. Su lugar, fue ocupado por el Hamás. En la Guerra del Golfo, la OLP salió a defender al dictador de Bagdad, Saddam Hussein, cometiendo un verdadero suicidio económico. Mientras que Arafat apoyaba a Irak contra países como Arabia Saudíta, la OLP recibía fondos de los países ricos en petróleo.
|
La OLP estaba fundida y sin capacidad de sostener su poder en el
interior de los territorios palestinos. Además, se encontraba aislada y
deslegitmizada en Túnez. El gobierno israelí de Itzjak Rabin tenía dos
alternativas: permitir que la calle palestina sea conquistada por el
Hamás y los extremistas o… “revivir políticamente a Yasser Arafat” y al
frente laico palestino. El 13 de setiembre de 1993, la OLP e Israel
firman en Washington el principio de Acuerdo para una autonomía
palestina. La OLP reconocía a Israel y declaraba que abandonaba la vía
militar. A cambio, Israel reconocía a Arafat como único representante
del pueblo palestino, otorgando una autonomía civil, al principio en
Gaza y Jericó.
En 1994 se producen tres atentados suicidas
graves, uno de ellos, en un autobús en Afula (6/4/1994) que provocó 9
muertos, el segundo en la estación central de buses de Hedera
(13/4/1994) que provocó 6 víctimas fatales y el del autobús 5 en el
centro de Tel-Aviv (19/10/1994) que causó 22 muertos. Antes del
asesinato de Itzjak Rabín en noviembre de 1995, se registraron duros
atentados del Hamás, lo que provocó la ira de la opinión pública en
Israel. Nueve personas fueron asesinadas en el autobús 36 de Kfar Darom
(9/4/1995), otras seis fallecieron al volar el autobús 20 en Ramat Gan
(24/7/1995) mientras que otras 4 personas eran asesinadas en el autobús
26 de Jerusalén (21/8/1995).
Otra fuerte ola de atentados se
registró antes de las elecciones de 1996. Shimón Peres, que partía como
favorito, terminó siendo derrotado por Binyamin Netanyahu (Likud), en
parte, a consecuencia de la ola de atentados aquí detallada. Dos
atentados suicidas, con una semana de diferencia en la línea 18 de
Jerusalén (25/2/1996 y 3/3/1996) provocaron 47 muertos. Un hombre bomba
se suicida en Dizengoff Center de Tel-Aviv, matando a 13 personas
(4/3/1996).
Esta última ola de atentados forzó al gobierno de
Israel, ayudado por la presión de Estados Unidos, a mover a Yasser
Arafat a la acción. Cientos de terroristas del Hamás fueron apresados y
el jeque Ajmed Yassin paso a arresto domiciliario por orden del Rais.
Al comenzar la segunda Intifada (2000), estos terroristas fueron
puestos en libertad, militarizando toda la Intifada.
El gobierno
de Israel no podía expulsar a Arafat cuando el Presidente Palestino no
combatía y promovía el terrorismo. Esto sería como asumir que todo el
concepto de Oslo era un error. Era como declarar que escoger a Yasser
Arafat como socio para la paz fue un tremendo error.
A Yasser
Arafat lo reemplazó Mahmoud Abbas, Abu Mazen. Abu Mazen declaró que la
militarización de la Intifada había sido un error y que el uso de la
violencia era contraproducente para el pueblo palestino. Sería un error
comparar a Abbás con Arafat.
Abbás declaró el último jueves que
no estaba interesado en presentarse para las próximas elecciones
palestinas del 24 de enero. Dejando a un lado que, quizás, dichas
elecciones ni siquiera se realizarán, lo cierto es que el presidente
palestino parece decepcionado por la posición adoptada por la
administración Obama en el tema de la construcción en los territorios.
Además, las críticas sufridas por su persona durante el tratamiento del
Informe Goldstone lo han llevado a cuestionarse su legitimidad.
Ajmed
Tibi, el diputado árabe israelí del partido Raam Taal, ex asesor de
Yasser Arafat y actual Mahmoud Abbás, llevó un poco más lejos la
amenaza del Presidente Palestino al decir en la radio Kol Israel que si
“se va Abbás, ya nadie más va a hablar sobre la solución de dos estados
para dos naciones y solamente se ofrecerá un estado binacional en donde
los árabes terminarán siendo mayoría”. El ex diputado de Meretz, Iosi
Beilin, propuso aprovechar los “últimos meses de Abbás” para dar un
impulso al proceso de paz (agregó que Israel debería hacer las
concesiones cuanto antes).
Habría que explicarle a Ajmed Tibi
que si “solamente” Abbás está dispuesto en el lado palestino a aceptar
dos estados separando conviviendo en paz, y teniendo en cuenta que
hablamos de una autoridad que gobierno solamente sobre una parte de
Palestina, entonces Israel debería replantearse seriamente si desea
realizar concesiones que serán cumplidas, quizás, por un exponente
limitado y débil del lado palestino.
Si Mahmoud Abbás presenta
este ultimátum para conseguir un cambio en la posición de los Estados
Unidos y las consiguientes concesiones por parte de Israel, sería
razonable cuestionarse si Abbás y su permanencia en el poder justifican
modificar las condiciones expuestas en la Universidad de Bar Ilan.
¿Vale
la pena renunciar para proteger y mantener en el poder a Abbás? Una
pregunta a considera con seriedad, teniendo en cuenta que el mismo
Abbás no tuvo ningún tipo de reparo en movilizar al bloque inmoral en
la ONU para denostar a Israel por el Informe Goldstone. ¿Israel debe
renunciar a Jerusalén oriental de antemano para que Abbás siga en el
poder? ¿Israel debe detener totalmente en la construcción en los
asentamientos para mantener a Abbás? ¿Israel debe aceptar recibir miles
de refugiados palestinos dentro de Israel para que Abbás sea más
popular que el Hamás y así mantenerlo en el poder?
Israel debe
haber esfuerzos para que los palestinos vivan en mejores condiciones.
Israel no debe entrometerse en la decisión sobre el liderazgo
palestino. “Israel no se mete ni se implica en lo que sucede en otras
sociedad así como no nos gusta que intenten influir en la política
israelí”, afirmaban desde la oficina del Primer Ministro Netanyahu.
En
la historia de Israel, cada vez que Jerusalén intentó entronar a algún
líder consiguió un efecto contrario. Aceptar renunciamientos para
mantenerlo “satisfecho” es injustificable. Si desea irse, y en su lugar
tomaría el poder el “Hamás”, esto sería una prueba contundente que de
todos modos, Hamás alcanzaría el poder en la calle palestina a la corta
o a la larga.
Que los palestinos decidan su liderazgo. Que Israel no intervenga. Que no se repita la trampa Arafat. |
|