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Israel mediático y cotidiano |
Ines Weller
Lunes, 02 de Noviembre de 2009 19:35
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Año tras año, terminada la época de "los jaguim" (las fiestas) de
septiembre – octubre, en Israel nos despedimos del último jamsín
(viento cálido y seco), a la vez que nos sumergimos en lo que todos
esperamos que sea un año sin sobresaltos.
Los padres ansían que ¡por fin! los chicos vayan a la escuela
durante dos meses seguidos (hasta que lleguen las vacaciones por la
festividad de Janucá).
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Los que trabajan, se reincorporan (con algunos
kilitos de más) a sus puestos, y los que no lo tienen, se aferran a la
esperanza, de que concluída la parálisis nacional (que posterga todo
para "después de las fiestas"), lo consigan. Los estudiantes vuelven a
hacer malabarismo con las bandejas que cargan en bares y restaurantes,
en donde muchos de ellos trabajan. Los políticos retoman la rutina de
visitar sus despachos, los canales de televisión, o viajar al exterior,
cada uno según su preferencia.
Pero hay una instancia que tiembla si se nos cumple al pie de la
letra nuestro sueño. Los Medios. Porque, si no hay guerra ni huelgas,
ni ningún drama ¿con qué van a llenar sus respectivos espacios? Esto no
es un problema menor en un país en el que las estaciones de radio
transmiten boletines informativos cada media hora y numerosos
noticieros televisivos, a diario.
Por suerte, además de magnificar temas intranscendentes (como el
contenido antisionista de una telenovela turca de muy bajo rating), o
pormenizar de manera macabra detalles de algún crimen, esta sed
mediática también da lugar a que un tema álgico, como la polémica
amenaza de deportar hijos de trabajadores extranjeros ilegales, ocupe
su merecido lugar protagónico en los titulares. También temas
positivos, como el premio Novel de Química, que recibió la Profesora
Ada Yonat, logran acaparar la atención por un buen rato.
Pero hay un tema que uno no sabe qué es preferible: que esté o no
presente. Me refiero al soldado israelí Guilad Shalit, que permanece
secuestrado desde hace más de tres años. Cuando hablan de él, temblamos
de que algo de lo que se dice pudiese perjudicarlo. Si su nombre no se
menciona, tememos que "los de arriba" se olviden de él. Pero al mismo
tiempo queremos creer que el silencio tal vez sea buen síntoma y que su
liberación se está "cocinando" sigilosamente. Amén.
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