Yair Lapid
Jueves, 02 de Febrero de 2012 17:51
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El lunes pasado dormí profundamente. La noche anterior me había quedado respondiendo correos electrónicos y mensajes de texto hasta las 4:00 am, y además, por primera vez en muchos años, no debía cumplir un horario de trabajo, pues ya no tenía ninguno.
Me afeité, me hice el café y salí afuera a recoger los periódicos. Cuando abrí la puerta, había decenas de fotógrafos y equipos de televisión esperando. Me gritaban. Yo no lograba comprender del todo sus palabras, pero la idea general era que ellos querían saber por qué había decidido a entrar en la política.
Soy una persona con mucha experiencia, ciertamente frente a las cámaras; no obstante, aquello me resultaba extraño.
He visto ese tipo de escenas en películas norteamericanas, pero no en Israel. Me quedé allí por un momento, con el café en la mano, tratando de pensar la forma adecuada de resumirlo todo en una sola frase. Al final, logré hacer la única cosa que podía en aquel momento: sonreír a las cámaras y volver adentro con los periódicos. En la corta distancia que media desde la puerta hasta el seguro refugio de mi salón, tuve tiempo suficiente para enterarme de que mi salto a la política era el principal titular en todos lados.
Voy a entrar en la política porque creo que el tipo de discurso que circula en Israel está sumiendo a este país en el olvido, y yo quiero cambiar eso. Probablemente, ésta sea una misión muy ambiciosa, pero ¿valdría la pena abandonar mi cómodo asiento en el Noticiero de los viernes por algo carente de toda ambición?
Por otro lado, hay que ser modestos también. Si las reglas de la arena política definen la «posición» individual como algo que puede expresarse en dos palabras, no puedo eximirme a mí mismo de hacerlo. De hecho, actualmente me ocupo de la redacción de una detallada plataforma acerca de una serie de temas -que van desde el conflicto israelí-palestino hasta la urgente necesidad de una Constitución-, pero por el momento, necesito estudiar el teatro político, y quizá la primera fase consista en desarrollar la capacidad de comunicar mensajes pegadizos.
Por lo tanto, tuve que preguntarme a mí mismo si podían ocurrírseme dos o
tres palabras que definieran de modo conveniente mi orientación
política.
Sorprendentemente, la respuesta es «sí». Tengo tres palabras, pero las
pronunciaré sólo con la condición de que los lectores prometan tener en
cuenta que la discusión no se agota en ellas, sino que es ahí mismo
donde comienza. Contrariamente a las exigencias expresadas por mis
colegas políticos, esto no constituye lo esencial de mi doctrina
política, sino apenas sus primeras manifestaciones. Estas son las
palabras que, en mi opinión, debieran abrir el debate acerca del rumbo
que el Estado de Israel lleva actualmente.
Estas tres palabras son: ¿Dónde está el dinero?
Esa es la gran pregunta que se hace la clase media israelí, clase en
cuyo nombre he decidido ingresar en la política. ¿Dónde está el dinero?
¿Por qué es que el sector productivo, que paga impuestos, cumple sus
deberes, realiza servicios de reserva en el ejército y carga sobre su
espalda al país entero, no ve dinero alguno?
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Ana Jerozolimski
Viernes, 27 de Enero de 2012 00:02
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Ali Salem (76) es un hombre optimista por naturaleza. Tiende a aferrarse de las buenas señales que capta, aunque no es indiferente en absoluto ante los problemas que son motivos de lógico temor. Hoy, al año de la revolución en Egipto, cree que la democracia en su país es posible y está seguro de que la paz entre Egipto e Israel será respetada, aunque él quisiera que fuera más allá de un acuerdo formal entre ambos países y fuera una relación plena de cooperación.
Salem es uno de los escritores, dramaturgos, más conocidos de Egipto, aunque hoy en día hace ya años que no escribe teatro sino que pasó a desempeñarse como columnista en dos diarios de gran importancia, el “A Sharq el Awsat”, que sale en Londres y se lee en todo el mundo árabe, y “Al Masr el Yom”, de gran circulación en Egipto.
Como abierto defensor del acuerdo de paz entre su país e Israel, Ali Salem ha tenido que lidiar con no pocos problemas. Fue expulsado de la Asociación de Escritores, se salvó de un atentado, y ha tenido que rechazar serias presiones y críticas. Pero nunca se cansó ni cambió de opinión.
En conversación telefónica desde El Cairo, se lo oye lleno de esperanza respecto a la nueva etapa en su país. Al menos en esta entrevista, intenta minimizar las dudas y destacar el potencial. Este fue el diálogo mantenido con el escritor Ali Salem.
P: Sr. Salem, estamos hablando un día después de llevarse a cabo la primera sesión del nuevo parlamento egipcio. ¿Cómo se siente con los cambios en su país?
R: Creo que hemos comenzado a marchar por buen camino, que vamos en la dirección correcta. Hemos tenido la primera sesión del Parlamento y es una buena señal. Mi esperanza es que estemos en camino hacia la libertad y la democracia. La gente disfruta por primera vez cierta sensación de libertad, sin interferencia del gobierno, y eso es bueno. Por el bien de la paz y de su bienestar en la región, Egipto debe ser un país democrático. Es la única opción.
P: Ya en la primera sesión hubo algún acorde chocante, con parlamentarios de partidos islamistas.
R: A mí me han enseñado a lidiar con la realidad… El pueblo egipcio ha elegido a estos parlamentarios para que los representen y yo lo respeto. Espero que lo hagan debidamente, por el bien del pueblo egipcio.
P: ¿Le preocupan hechos como el protagonizado por el diputado Mamduh Ismail, que quiso prestar juramento sin apegarse al texto obligatorio del mismo, agregando palabras suyas en relación a Alá? Recordemos que dijo que jura respetar la Constitución “si con ello no viola los mandamientos de Alá”...
R: Estas tendencias extremistas religiosas quisieron manifestarse en la reunión, la primera del parlamento, pero le aseguro que no son las primordiales en Egipto hoy. En todos los programas de televisión fueron criticados los que actuaron así. | |
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Donniel Hartman
Viernes, 13 de Enero de 2012 12:28
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Cuando comenzó el año 2012, Israel y los palestinos se sentaron en Jordania y hablaron por primera vez en más de un año. Las conversaciones fueron impulsadas por un plazo límite del Cuarteto y acompañadas por un relativo desinterés tanto de la sociedad palestina como de la israelí. La conversación puede haber sido sustantiva o solamente merecer la frase diplomática de “fructífera”. Por un lado el hecho que no sepamos está bien, porque negociaciones realmente fructíferas nunca tendrán lugar bajo las brillantes luces del escrutinio público y periodístico. Al mismo tiempo, el progreso real sólo tendrá lugar en la medida que las sociedades israelí y palestina estén ambas interesadas en el resultado y preparadas para sus consecuencias. Si falta esto, los líderes de ambos bandos se estarían exponiendo a demasiado como para estar dispuestos a correr verdaderos riesgos.
La mayoría de los israelíes se ha vuelto cada vez más escéptica de la buena disposición de la sociedad palestina para dar estos pasos. No sé si este escepticismo está justificado o no. Lo que sí sé es que se ha convertido en la base sobre la cual, o la hoja de higuera tras la cual nosotros, también, nos hemos convertido en una sociedad que habla menos de la paz y que en términos generales la ha quitado del escenario de sus políticas y aspiraciones. Bajo estas condiciones un futuro que sea un espejo del actual estatus quo será una profecía que se realizará a sí misma.
El Rabino Soloveitchik, en su obra Kol Dodi Dofek, jugando con la oportunidad perdida en el bíblico Cantar de los Cantares, cuando el amante golpea a la puerta de su amada y en vez de ser recibido con brazos abiertos es bienvenido con, en esencia, un “Vuelve más tarde,” argumenta que nuestro desafío como judíos es siempre estar dispuestos a responder al golpe en la puerta. Aunque no está hablando de un proceso de paz, sus argumentos son igualmente relevantes para éste. ¿Qué necesitamos como sociedad para poder identificar un verdadero socio para la paz o un punto de inflexión cuando se nos cruza por el camino? Aún más ¿qué debemos hacer como sociedad para hacer todo lo que está en nuestro poder para facilitar un momento así? Permítanme sugerir tres áreas que necesitan transformación, uno es el área de los valores, el segundo es el del lenguaje y el tercero el de la política.
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Ana Jerozolimski
Viernes, 13 de Enero de 2012 12:10
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“Siria ganará. La victoria está cerca.Y yo, aquí me quedo”. Este fue el mensaje central del patético discurso pronunciado el martes al mediodía por el Presidente sirio Bashar el –Assad en la Universidad de Damasco. A su modo de ver, el levantamiento contra su régimen despótico no es tal y lo que hay en el terreno es un ataque a Siria. “El Estado soy yo”-la conocida frase atribuida-al parecer equivocadamente- al Rey Louis XIV de Francia en el siglo XVII, simbolizando su gobierno absolutista, apareció en Damasco, “a la Assad”.
La creciente represión que el régimen del Presidente de Siria Bashar el-Assad impone a sus ciudadanos en los últimos diez meses, tiene ya el cruento saldo de 5.000 muertos y muchos miles más de heridos y desaparecidos en las cárceles y salas de torturas. La presencia de 165 expertos en el marco de la fuerza de Observadores de la Liga Arabe en territorio sirio- que comenzó a funcionar el 22 de diciembre- no ha puesto fin al fuego y cada día se agregan titulares sobre las nuevas decenas de muertos.
Lo lamentable es que el mundo se haya acordado tan tarde…Si se hubiera luchado antes por la defensa de la democracia en el mundo árabe, sin condescendencias con líderes autoritarios y déspotas diversos, esos 5.000 muertos se habrían evitado.
Ahora está de moda espantarse por lo que está sucediendo en Siria…¿pero acaso se puede hablar de verdadera sorpresa?
Los tanques del ejército se esconden en los garajes de las intendencias cuando saben que llegan observadores, los francotiradores se alejan por un rato cuando andan los enviados árabes merodeando por la zona,pero de fondo, nada ha cambiado. El Presidente Assad hasta tuvo el tupé recientemente de decirle a la conocida periodista norteamericana Barbara Walters que él no ha dado ninguna orden de matar “porque el ejército no es mio…sino del pueblo sirio”. Sería para reírse, si no fuera para llorar..o mejor dicho para comprender que lo único que puede explicar tal declaración es la convicción de que tiene todo el derecho de disparar a mansalva para mantenerse en el poder. | |
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Ianai Silberstein
Martes, 03 de Enero de 2012 11:19
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¿Cómo se construyen los recuerdos? Cuando uno recibe la noticia acerca del fallecimiento de alguien como Yaffa Yarkoni, aun cuando durante años nada se supo de ella, es como si fuera el fallecimiento de un vecino a quien uno ve a diario en la calle. Hay vecinos con quienes uno no habla, a veces difícilmente se salude con ellos, sin embargo sabemos que están allí, con sus rutinas que se cruzan con la nuestra. Sucede que en algún momento, por el paso inexorable de los años, ese vecino deja de salir, hasta que un día, muere. Siempre estuvo allí, y ahora ya no está, pero en nuestra percepción nada ha cambiado demasiado porque lo que queda es el recuerdo. Así pasa con la muerte de Yaffa Yarkoni: atravesó nuestra vida durante la niñez, contribuyó en la construcción de nuestra identidad como judío, sionista, e israelí, desapareció muchos años víctima del paso del tiempo, y ahora acaba de morir. Sin embargo, siempre estuvo y siempre estará.
Los recuerdos más emblemáticos de la Yarkoni son su pelo corto, su rostro angular y fuerte, sus grandes ojos, y sobre todo, su voz: ronca, profunda. De su hebreo poco puedo decir, me falta autoridad, pero representa una época largamente perdida, en que se hablaba un hebreo aprendido y cuidado, como una reliquia arqueológica hallada en una excavación que quiere volver a usarse, sin que se rompa; ese fue el milagro del Hebreo moderno, y Yaffa Yarkoni desde el escenario fue una de las tantas que contribuyeron a fortalecer el idioma. Fue la versión ashkenazi de su amiga y colega de origen yemenita Shoshana Damari. Para mí siempre representó mucho más Yaffa que Shoshana. Cuando escucho a ambas, una es virtuosismo y folclore; la otra es una tía que canta para mí mientras juego o miro un libro. Yaffa fue familia. | |
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Ana Jerozolimski
Miércoles, 28 de Diciembre de 2011 02:04
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Danny Dayan nació en Buenos Aires. Desde 1971 reside en Israel, habiendo inmigrado primero a Tel Aviv e instalándose en 1988 en el asentamiento Maale Shomron. Fue candidato a la Kneset, es Licenciado en Economía y Ciencias de la Computación, y tiene un Master en Finanzas. Creó años atrás una compañía de tecnología de información y es docente en la institución considerada la “universidad de Judea y Samaria”, el Colegio de Ariel. Desde julio del 2007, se desempeña como Presidente del Consejo YESHA, el ente representativo de las comunidades judías en Judea y Samaria. Esta es la entrevista que nos concedió hace pocos días.
P: Danny, en los últimos días se han registrado serios incidentes de violencia en Judea y Samaria (Cisjordania), entre ellos inclusive en una base importante de las Fuerzas de Defensa de Israel, con ataque a los propios soldados y oficiales, insultos, pedreadas… escenas muy duras. ¿Cómo ha tomado usted lo sucedido, perpetrado por jóvenes que viven justamente en localidades judías de la zona?
R: Con mucho dolor, con vergüenza. Creo que también es una muestra de ingratitud atacar a las tropas que protegen a nuestras comunidades. Te diré más, yo mismo soy un Mayor en la Reserva en esa brigada cuyo comandante fue atacado. Así que, por supuesto, todo el fenómeno este de violencia, contra palestinos inocentes, contra el ejército, contra equipos del ejército, son en mi opinión tanto inmorales como estúpidos. Inmorales, es evidente por qué: violencia contra inocentes, es algo inmoral. Pero también digo que es estúpido, nada inteligente, porque perjudica de una manera muy clara, de modo estratégico, nuestra presencia en Judea y Samaria. Los que cometen estas acciones no sólo son delincuentes sino que tampoco son inteligentes. Esa gente no habla en nuestro nombre. Está claro que no nos representan.
P: Según el Ministro de Defensa Ehud Barak habría que considerarlos inclusive “terroristas”...
R: Bueno… yo creo que no es una cuestión de terminología. Pero la verdad es que yo no lo denomino así, porque para mí, como quien vive en Israel hace más de 40 años y en Judea y Samaria hace más de 20, terrorismo es la masacre de Itamar, es un terrorista escondido para tirar a un coche que pasa aunque haya en él mujeres, niños, ancianos. Eso es terrorismo. No digo que no hubo casos de terrorismo judío, hubo. Pero no creo que este es el caso. No hay que perder las proporciones. El terrorismo en Judea y Samaria, y en Israel en general, es el terrorismo árabe. Hubo casos aislados de terrorismo judío, pero son la excepción y no la norma. No creo que sea correcto llamar a este tipo de violencia, a este tipo de disturbios, terrorismo. Y lo digo sin minimizar en absoluto tanto la importancia del daño como de la inmoralidad de estas acciones. |
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Ana Jerozolimski
Viernes, 23 de Diciembre de 2011 01:02
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Un tribunal israelí dio ayer un paso clave en la imposición de la ley y el respeto al gobierno de Derecho, al determinar que la compañía israelí de transportes “Egged” deberá indemnizar a una mujer por haberla obligado el conductor a sentarse en los asientos de atrás y no adelante, como quería, donde había hombres religiosos ya ubicados.
Eso está prohibido en Israel por una sentencia explícita de la Suprema Corte de Justicia, pero sectores ultraortodoxos seguros de su peso en determinadas zonas donde constituyen mayoría de la población, pretenden imponer otra práctica . “No sé si la palabra victoria sirve para ésto, pero sí, es un paso importante y me alegra”, comentó Jana, ganadora del juicio, de 60 años, residente en la ciudad de Rejovot. “Hay aquí quienes se ríen cuando oyen el término Suprema Corte, pero para mí, es una autoridad”.
De por medio, de hecho, no está sólo el tema de la ley, sino la pregunta acerca de qué características debe tener la sociedad israelí. En medio de su libertad y plenitud democrática, hay sectores que pretenden introducir cambios ajenos al mundo de la gran mayoría de la ciudadanía. En nombre de una interpretación extrema de la religión, pretenden quitar a mujeres de carteles públicos, lograr una separación en la calle y hasta garantizar cajas separadas en los supermercados.
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Ana Jerozolimski
Jueves, 15 de Diciembre de 2011 19:25
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Cuando se destaca un aniversario, se suele recalcar los logros, enaltecer lo hecho, elogiar lo alcanzado. Pero claro, cada uno lo hace a su estilo, con su mentalidad, con su forma de enfocar la vida... o la muerte.
Es por eso que no debería sorprendernos que al “celebrar” en Gaza el 24º aniversario de su fundación, el grupo integrista islámico palestino Hamas haya considerado oportuno destacar que en este lapso, la organización lanzó 11.000 misiles y bombas a Israel, mató a 1.365 israelíes y también hirió a 6.411 en 111 atentados de su brazo armado, Izz al Din al Qassam. Entre ellos, hubo 24 secuestros.
En un comunicado especial de Hamas, se aclara que “la resistencia” continuará, y que quede claro: es una palabra supuestamente “digna” para decir “terrorismo”. Después de la intifada, vendrá otra intifada, dijeron en Hamas. “La apuesta a la negociación con Israel se demostró como un fracaso. Es importante que la conducción palestina, que eligió el camino de la negociación, evalúe su rumbo político”, decía el comunicado, como si Hamas hubiera dado chance alguna vez a la negociación y el diálogo. Hizo todo para sabotearlo, y gran parte de la responsabilidad por el fracaso del proceso de paz, recae sobre sus hombros, porque los atentados se tradujeron en muertos y heridos, y ello se traduce en desconfianza, temor y por ende serias dificultades para hacer concesiones en aras de la paz.
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Donniel Hartman
Jueves, 15 de Diciembre de 2011 18:16
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Reflexiones a causa de las declaraciones del pre-candidato Newt Grinwich en EEUU.
Un político que es un fiel amigo de Israel intentó probar su amistad negando la existencia de un pueblo palestino. Esto y otras declaraciones “amistosas” similares son una evidencia no sólo de amistad sino también de lo que creen que el pueblo judío quiere escuchar.
¿Qué queremos escuchar? ¿Cuál es una conversación acerca de Israel que refleje nuestros valores y sensibilidades? Me parece que ésta es una pregunta que demasiadas personas dentro de la comunidad judía han dejado de preguntar. Deseamos señales de amistad y declaraciones de apoyo y parecemos haber olvidado cuestiones de sustancia, política y valores, principalmente nuestros valores como judíos.
No tengo ningún deseo de entrar a la refriega del debate, ni tampoco siento que sé quién de todos los políticos es mejor para Israel. Lo que está claro es que la desilusión de Israel con sus amigos no se puede encontrar en la política exterior o militar sino en las deficiencias de las señales de amistad. Queremos que el representante de un país tenga una amistad cálida y sentimental con nosotros y no lo que consideramos una relación s fría y calculadora. Cuando los representantes de otros países nos dan múltiples señales, abrazos, y declaraciones nos hacen sentir queridos y que la seguridad de Israel está garantizada.
Dados los peligros que Israel enfrenta regularmente y la importancia de amigos importantes que nos ayuden a triunfar sobre estos peligros, nuestro anhelo por consuelo y amistad es comprensible. Sin embargo, esta necesidad no puede cegarnos a la importancia de preguntarnos: Quién queremos ser, qué futuro queremos para Israel, y de estas preguntas deducir la respuesta a qué queremos escuchar.
Como judío, sé que mi identidad nacional es parte integral de mi fe y que mi patria está en la Tierra de Israel. Creo que Israel es la patria del pueblo judío, es una representación de mis derechos nacionales. Como democracia, Israel debe proteger los derechos de sus ciudadanos, incluyendo a otras minorías nacionales. Estas minorías tienen derecho a una igualdad completa, un derecho que, sin embargo no entraña la habilidad de redefinir la identidad nacional del Estado mismo. Mi compromiso con un estado palestino que viva al lado de Israel proviene precisamente de mi deseo de darles la oportunidad a los palestinos de expresar sus aspiraciones y a mi compromiso de asegurarme de mi habilidad de mantener a Israel como la patria del pueblo judío.
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Ana Jerozolimski
Viernes, 09 de Diciembre de 2011 19:12
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Democracia no es sólo el gobierno de la mayoría. Es también el respeto de los derechos de las minorías. Eso está claro en cualquier país libre . Y está claro también en Israel…pero últimamente, parece estar un tanto menos claro para algunos miembros ultraconservadores de la coalición de gobierno, que están promoviendo una serie de proyectos de ley que preocupan a muchos. Al Presidente del Estado Shimon Peres que advirtió de un peligro de desgaste de la democracia, a ministros del Likud conocidos como hombres de principio y altos valores de moral-como el Vice Premier Dan Meridor y el Ministro Beni Begin-, el Director del Instituto Israelí de Democracia Dr. Carmon, estudiantes de Derecho..y muchos más. Ni que hablar que preocupa también a diputados de la oposición, pero los dejamos para el final, porque claro está que en ellos, la motivación es de principios pero también política.
Se trata de varias leyes propuestas, destinadas a aumentar la influencia política sobre la Suprema Corte de Justicia y a limitar sus poderes, a amedrentar a la prensa por ejemplo determinando nuevos parámetros para posibilidades de demandas por difamación a raíz de notas publicadas o transmitidas en los medios y muchos ejemplos más.
También se incluye en el bloque que está desatando una gran polémica en Israel, un proyecto de ley de limitar las donaciones extranjeras a organizaciones no gubernamentales israelíes, lo cual grupos de derechos humanos sostienen está destinado a limitar sus actividades. Este último ejemplo, sin embargo, tenemos que estudiarlo más a fondo antes de abrir opinión categórica al respecto, ya que la otra cara de la moneda es que algunas de las ongs-no todas- reciben fondos de gobiernos extranjeros..un fenómeno complejo y problemático . Según quienes presentaron esta propuesta de ley, en muchos casos organizaciones que reciben presupuestos del exterior, aportan luego a intentos extranjeros de quitar legitimidad a Israel. No a una política del gobierno, sino a Israel, como Estado. Pero más allá de la discusión puntual sobre cada uno de los proyectos-y son como 40 en total- claro está que en bloque, hay aquí una tendencia peligrosa. “Es un proceso gradual y progresivo, que avanza y preocupa sobremanera”-nos dijo Moshe Negbi, el valiente analista jurídico de la radio pública israelí, que jamás tiene pelos en la lengua para criticar a quien lo merece. “El problema es que quienes tienen esta visión, no democrática, y quieren usar la fuerza del poder para imponer sus opiniones, olvidando que hay otras que también deben ser respetadas, tienen cada vez menos vergüenza”, sostiene. | |
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