Múltiples significados para una misma raíz.
Una raíz para un árbol de significados. Un sitio para construir y resignificar.


Lic. Orlando Petinatti

Es un conductor de radio y TV y empresario uruguayo. Se hizo conocido por su programa radial Malos Pensamientos, emitido originalmente por Emisora del Palacio en 1991, desde 1992 a 1994 por CX 32 Radiomundo, luego por Océano FM, desde 2004 a 2009, por Radio Futura, medio que también dirigió y en el año 2010 es emitido por Azul FM 101.9. Se antepuso el título de Licenciado a su nombre artístico con un fin humorístico.
Banner
Banner
Banner

2 judios 3 opiniones
Concepciones del antisemitismo desde el antagonismo Sionismo vs. Hanna Arendt. Su relevancia en la actualidad
Andres Kilstein   Miércoles, 30 de Junio de 2010 20:58    Imprimir E-mail
Todo debate acerca de la legitimidad, justicia y conveniencia del proyecto sionista (o sus calificativos opuestos exactos) involucra una forma de caracterizar al fenómeno antisemita. Una reflexión sobre la actualidad del sionismo no puede pasar por alto esta cuestión. Ahora bien, al llegar este punto el lector podrá preguntarse: ¿actualidad del sionismo? ¿Qué es eso? El movimiento sionista ha cumplido sus propósitos, el Estado de Israel existe, las organizaciones de la comunidad judía lo reconocen y se colocan bajo su ala. ¿Tiene sentido entonces pensar al sionismo como parte de un debate actual? Quizá sería conveniente, para no responder mecánicamente con la política de los hechos consumados, recordar que hace tan sólo un puñado de décadas el sionismo constituía una posición minoritaria entre los judíos europeos y que, de hecho, esta variedad de nacionalismo hebreo representa todavía un trazo breve, brevísimo en la historia milenaria del pueblo judío. Hasta hace unas décadas la frágil supervivencia del sionismo como ideología dependía de que pudiese ganar la batalla del pensamiento frente a las concepciones mayoritarias de religiosos y bundistas/socialistas. El núcleo central del debate consistía precisamente en la caracterización del antijudaismo que entonces hacía insoportable la vida de miles de personas.

En el siguiente escrito quisiera recorrer el debate sobre la naturaleza del fenómeno antisemita tomando como eje el antagonismo entre la visión sionista de los hechos y la perspectiva de Hanna Arendt. Creo que es esta pensadora la que puede aportar la mayor tensión y polarización de opiniones en su enfrentamiento con el pensamiento judío pro-israelí dominante en las organizaciones de la comunidad. Mostrarnos sensibles hacia (es decir, dejar entrar en nuestro campo visual) las notables diferencias en la caracterización del fenómeno antisemita significa ser capaces de captar una brecha ideológica materializada en acciones políticas.

Hanna Arendt fue muchas veces señalada por voceros de la comunidad israelita organizada como una de las pensadoras de origen judío que más sistemáticamente han defendido el “asimilacionismo” (es decir, la asimilación de los judíos a las sociedades en las que habitan, la renuncia a sus rasgos particulares y diferenciadores elevados a la categoría de características étnico-nacionales, como solución a “la cuestión judía”). Otros señalan a Arendt como una continuadora más sofisticada y académica del pensamiento bundista (del Bund), es decir, aquél que a principios del siglo XX llamaba a la solidaridad y auto-defensa de los trabajadores judíos de Polonia, Lituania y Bielorrusia y se oponía terminantemente al movimiento sionista como “desviación burguesa y contraria a los intereses de las masas trabajadoras”. Para no hablar de los burdos análisis que incluyen a la pensadora dentro de la categoría de los Self-hating Jews (judíos que se odian a sí mismos) por creer que la renuncia a las aspiraciones nacionales y territoriales de los judíos alcanzaría para detener el terror racista, parándose así en la perspectiva de los hostigadores y buscando “agradar al enemigo para evitar sus ofensas”. En todo caso, hay algo que no se puede dudar: asimilacionista/ bundista/ auto-odio son formas de nombrar (no sin estremecimiento) a una posición que se aleja de la oficial en el campo judío.

Repasaremos cuáles son los principales aspectos de discrepancia entre Arendt y la postura oficial sionista en torno a la caracterización del fenómeno antisemita:
Leer más...
 
El devenir mesiánico en el judaísmo
Emmanuel Taub   Viernes, 18 de Junio de 2010 15:00    Imprimir E-mail
A propósito de Hermann Cohen y Jacob Taubes.

I. La idea mesiánica en el judaísmo es tan presente como la tradición misma: porque hace del pueblo una posibilidad de futuro y de la historia el lugar de la esperanza. La idea mesiánica se ha ido transformando, aunque sin destruir los atributos políticos y nacionales, y se ha convertido poco a poco en una idea más espiritual y universal. La esperanza redentora del pueblo judío como nación consagrada a la ley divina desde los textos bíblicos ha sido universalizada en la palabra de los profetas así como en las mentes más brillantes de la historia judía. Es así como los sueños del pueblo se transformaron con los profetas en los sueños de la humanidad y la redención ya no sólo fue parte del pueblo de Israel y de su tierra, sino de todos los pueblos.

Justamente en estos días, la publicación en nuestro idioma de dos textos fundamentales nos vuelve a consagrar al problema mesiánico. Una selección de los escritos judíos de Hermann Cohen (Mesianismo y razón. Escritos judíos, Ediciones Lilmod) en donde se encuentra su “idea del Mesías”, y la tesis doctoral de uno de pensadores judíos más importantes y controvertidos del siglo XX, la Escatología occidental (Miño y Dávila Editores) de Jacob Taubes. Ambos piensan el mesianismo y el judaísmo de forma singular y problemática acorde a su tiempo, con la herencia de la historia y la singularidad de sus búsquedas.

Cohen, quien naciera en Coswig en 1842 y muriera en Berlín en 1918, comenzó sus estudios para rabino en el Seminario de Teología Judía de Breslau, dejándolos incompletos para dedicarse a la filosofía. Tras su paso por las universidades de Breslau, Berlín y Halle, enseña en Marburgo en la cátedra que tiempo más tarde heredaría Martin Heidegger. Allí construye su sistema filosófico llamado “idealismo crítico” y, luego de tres décadas de enseñanza universitaria, en 1912 se trasladaría a Berlín impartir sus lecciones sobre judaísmo y filosofía en la Escuela de la ciencia del judaísmo. Es uno de los filósofos y pensadores más importantes de la Modernidad, aunque en el eclipse que significó la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto su pensamiento, que se instaló en el pasaje del siglo XIX y el periodo de entreguerras intentando conciliar filosofía y judaísmo, se viera desarticulado por los acontecimientos de la historia. A pesar de ello, su proyecto filosófico que pensó a Oriente y Occidente por un mismo camino en el paradigma de lo judío y lo germano, encontró tiempo más tarde sus semillas en pensadores como Franz Rosenzweig, Ernst Cassirer, Martin Buber, Emmanuel Levinas o Leo Strauss.

En sus escritos judíos hay una búsqueda por pensar el problema de la correlación de Dios y el hombre; así como también el Estado y la religión, la justicia y lo moral o hasta el conflicto con el sionismo de su tiempo, desde las fuentes bíblicas, talmúdicas y el pensamiento profético hasta la tradición de la filosofía griega. Es así que, desde Platón a Filón y Maimónides, en su crítica a Spinoza y Buber, o en la idea de Mesías y el valor universal de igualdad contenido en el shabat, su pensamiento recorre la preocupación constante por conciliar filosofía y religión, Atenas y Jerusalén, intentando mostrar aquello que hace a la herencia judía en la filosofía occidental y viceversa. Herencia que contiene los fundamentos para pensar en una ética y una política: lo que el mismo llama el socialismo mesiánico.

Por su parte, Taubes (Viena,1923 – Berlín,1987) fue hijo de una prestigiosa familia de rabinos y una de las más importantes figuras intelectuales del judaísmo de la segunda mitad del siglo XX. Discípulo de Gershom Scholem, en su juventud se formó bajo la influencia de la filosofía heideggeriana. En 1943, luego de seguir su formación rabínica, estudió historia y filosofía en Basilea y Zurich, donde defendió, en 1947, su tesis doctoral bajo el título de Escatología occidental. Desde entonces, fue investigador y docente de la Universidad Hebrea de Jerusalén, del Jewish Theological Seminary, de las Universidades de Harvard, Princeton, Columbia University de Nueva York, de la Maison des Sciences de l’Homme de París y, finalmente, catedrático en la Universidad Libre de Berlín, ciudad en la que participó activamente del movimiento estudiantil de los años sesenta.
Leer más...
 
Políticas del espíritu, avatares de los cuerpos Parte II
Diana Sperling   Jueves, 10 de Junio de 2010 15:08    Imprimir E-mail
El espíritu se dice de muchas maneras
 

La espiritualidad tiene mil rostros, y uno de ellos es, sin duda, la mística. Pensamiento de la nostalgia, la mística aspira a retornar a una unidad primordial, a un origen antes de la caída, al seno de la totalidad antes de su fragmentación. Otros modos de la espiritualidad, en cambio, asumen la imposibilidad de ese retorno, más aún: son esa imposibilidad misma, fructífera y creadora. Retorno imposible porque sabe que no hay origen, no hay totalidad, no hay uno sin múltiple, una espiritualidad tal que no lamenta sino que consiste en el fracaso de acceder a lo infinito desde lo finito. A eso, precisamente, Spinoza y Lévinas llaman ética, Benjamín llama tiempo mesiánico, Buber llama diálogo entre el cielo y la tierra, Jabés llama escritura, Rosenzweig llama redención.

Fracaso que no anula el deseo de infinitud sino que lo potencia, lo reconoce como motor y lo realiza, fallidamente como todo deseo, sosteniéndolo y transmitiéndolo. He ahí, tal vez, esa otra manera de entender la espiritualidad.

La compleja e insoluble dialéctica entre lo finito y lo infinito ha fundado la filosofía, la religión y el arte, pero adquiere en el judaísmo rasgos peculiares. Porque cuando esa dialéctica se da sin metafísica exige no solo un diverso esquema de relación entre los términos, sino que los términos mismos se modifican y reformulan, cambian de lugar y sentido y producen, entonces, otras redes, otros recorridos, otras disposiciones.

En la Torá, la exigencia de santidad que Dios impone se refiere, lo sabemos, a la conducta de los hombres en sus prácticas terrenales, y los castigos y recompensas que merecerán por esas conductas se verifican también en el mundo terrenal. Ninguna alusión a ultramundos o a paraísos  e infiernos fuera del tiempo y del espacio.
Leer más...
 
Políticas del espíritu, avatares de los cuerpos. Parte 1.
Diana Sperling   Martes, 01 de Junio de 2010 19:18    Imprimir E-mail
“Por la muerte, por el miedo a la muerte empieza el conocimiento del Todo. De derribar la angustia de lo terrenal, de quitarle a la muerte su aguijón venenoso… se jacta la filosofía”.1

La espiritualidad vive de la muerte.

Es ella, la muerte, la que amenazándonos, limitándonos, cercándonos, nos hace vivir, pensar, crear. Hablar.

Pero: desde que hay palabras, estamos en problemas. Especialmente cuando se trata de ciertas palabras, ésas que no se dejan encerrar en una definición exacta ni única, ésas que denominamos, por ejemplo, “sustantivos abstractos”, como si con esta denominación diéramos por terminado el problema que nos presentan, como si ponerlas en ese casillero, “abstracto” –que vaya uno a saber qué significa- nos tranquilizara y nos ahorrara la inquietud que nos producen.

Es que ¿no es acaso toda palabra, aun la más obvia, la más banal, la más “concreta”, ya en sí un signo? ¿Es decir, algo que está en lugar de otra cosa y, por tanto, ya no directamente esa cosa concreta sino una abstracción, una metáfora, una creación humana? Para decirlo de una vez, ¿no es toda palabra un acto de “espiritualidad”?

La dimensión del lenguaje es el registro de la muerte. Somos seres hablados y hablantes porque somos finitos. Somos espirituales porque nuestra vida vive más allá de los días y los años de nuestra duración. Se trata solo de averiguar qué tipo de vida es ésa, es decir, qué significa eso que llamamos espíritu.

Y hablar de espíritu en estos tiempos no es una empresa libre de peligros; ya no solo porque, en éste y en todos los tiempos, esa palabra permanece en el límite mismo de la definición, sino porque ahora más que nunca puede sonar inapropiada, antigua, oler a naftalina o a rancias pretensiones de superioridad.

Es que el espíritu también ha sido –y tal vez siempre corra el riesgo de ser, por su propia naturaleza- instrumento de la más cruda materialidad, de ambiciones de dominio, de aristocráticos señores que someten, en su nombre, a los brutos o los salvajes, supuestamente incapaces de acceder a las altas esferas del pensamiento, de la cultura o del arte.

Palabra en riesgo y de riesgo, pues, ya que su estofa misma es política y exige, ineludiblemente, una política de la lengua: esto es, que la lengua se haga cargo de tal riesgo, asumiendo los usos en los que el término cristaliza y desde los que rige el orden de los asuntos humanos.

Leer más...
 
Pertenencia, Conversión y búsqueda de una Comunidad
Donniel Hartman   Jueves, 20 de Mayo de 2010 04:30    Imprimir E-mail
La comunidad puede ser definida como una colección de individuos que comparten algo en común.  Ese “algo,” sea lo que fuere – espacio, origen étnico etc. – constituye una base para la formación de la comunidad y sirve para la demarcación de su identidad particular.  Es lo que le da sentido ser miembro  de ‘ésta’ y no de ‘esa’ otra comunidad distinta.  Entre las principales herramientas para proteger la identidad de una comunidad está su política de admisiones o sea quién puede y quién no puede ser miembro.  Por medio de estás políticas, las comunidades deciden a quién se le permite entrar, limitando la entrada a aquéllos que comparten y promueven su particular.

Identidad.

Así es como funciona en teoría.  Sin embargo las comunidades reales, de las cuales la comunidad judía es un buen ejemplo, no tienen ni miembros unificados ni una identidad claramente articulada o demarcada. Muy a menudo las comunidades se forman no en alguna reunión constitucional, donde un grupo se sienta para definir que es lo que tiene en común, sino por miembros que se “heredan” los unos a los otros – lo que resulta en un cuerpo de miembros con distintas ideas del propósito de su emprendimiento colectivo.  Dadas estas circunstancias, articular una política de pertenencia es una empresa particularmente compleja y quisquillosa porque no hay acuerdo en lo que concierne al propósito y la identidad compartida.  A veces una política prevalecerá, pero en general esto es más una medida del poder de los que abogan por ella que de su relevancia o valor.  Cuando sucede esto, habrá miembros cuya comprensión de la identidad colectiva no estará reflejada en la política de admisión.  Esta gente por lo tanto se siente marginada aún si su propia pertenencia no es cuestionada.  La propagación de este resentimiento socava constantemente a la vida colectiva.  A pesar de estas dificultades una comunidad no puede abdicar de su rol de determinar una política de pertenencia, puesto que las cuestiones de pertenencia siempre surgen y tienen que ser resueltas.  ¿A quién se le otorgarán derechos de ciudadanía, acceso a los bienes que la comunidad distribuye? Estas cuestiones requieren una clara política de pertenencia.

Los judíos hoy en día enfrentan su propio predicamento.  Durante los últimos dos siglos el pueblo judío y su religión se han vuelto diversos como nunca lo fueron antes.  Como resultado, se ha tornado cada vez más difícil definir una cultura y una escala de valores alrededor de los cuales la comunidad judía puede permanecer unificada.  No es sorprendente por lo tanto que la más clara demostración de las diferentes corrientes se refleje en las amargas polémicas en las cuales inevitablemente termina cualquier intercambio de ideas sobre la pertenencia y la admisión a la comunidad.  Como un pueblo dividido acerca de que constituye el judaísmo, hemos sido tristemente incapaces de llegar a nada cercano a un consenso de la respuesta a “Quién es un judío,” y todos los intentos actuales sólo parecen exacerbar una poco saludable hostilidad intra-comunal dentro de la vida judía colectiva contemporánea. 
Leer más...
 
El árbol está alto
Donniel Hartman   Miércoles, 12 de Mayo de 2010 21:13    Imprimir E-mail

Iom HaShoá, Iom HaAtzmaut – han pasado.  Como es digno de la temporada de Iamim Noraim, su impacto persiste y nos hace reflexionar en su significado y en impacto en nuestras vidas.  Iom HaZikaron que toca a todos los israelíes en diferentes grados y es conmemorado por la sociedad israelí de una manera profundamente emotiva, humilde y hasta espiritual, toca a nuestra familia directamente, porque lloramos la pérdida del esposo de mi hermana, que murió hace 29 años en la primera guerra del Líbano.

Todos los años, mi familia y nuestros amigos nos reunimos con nuestros “vecinos de cementerio” y estamos de pie lado a lado cuando la sirena suena y el país se paraliza.  Recordamos, pero mayormente lloramos sus muertes y nos acercamos a los miembros de la familia que están aún con vida, les ofrecemos consuelo y les recordamos que no hemos olvidado.  Todos los años la experiencia más incongruente es ver como alrededor nuestro todos están envejeciendo, mientras que Aharón permanece joven para siempre.  A veces es difícil imaginarse como alguien de 60 años pudo haber sido compañero de clase de Aharón o su mejor amigo.   

Este año algo me llamó  la atención, .y me emocionó de una manera que en el momento no comprendí.  Mientras estábamos de pie en un apretado grupo en el cementerio lleno de gente, advertí un enorme árbol, de unos 20 metros de altura, al lado de la tumba de Aharón, me volví hacia mi hermana y señalé la grandiosidad del árbol  

Y ella en respuesta dijo algo que me había olvidado – que ella había plantado el árbol inmediatamente después del funeral de Aharón.  El árbol, su belleza, su tamaño y sobre todo su vida me afectaron profundamente. 
Leer más...
 
Iom Hashoa
Rafael Winter   Sábado, 10 de Abril de 2010 06:21    Imprimir E-mail
“No todas las víctimas fueron judíos. Pero todos los judíos fueron víctimas.” Elie Wiesel

Hace pocos días las comunidades judías del mundo conmemoraron nuevamente Iom Hashoa Vehagevura, Día del Holocausto y del Heroísmo. Un día de dolor que marca el calendario judío señalando la tragedia colectiva sin parangón que a nuestro pueblo le tocó vivir.
Muy importante recalcar también el heroísmo. Muchas veces cuando recordamos este día o este tema enfatizamos, sí, la Shoá pero no le damos justo énfasis a la Gevura (heroísmo, valentía, resistencia). La hubo ya sea pasiva o activa, espiritual o armada, aunque la armada recién comienza como sabemos a partir del año 1943-en los pocos casos en los que ello fue posible- siendo su momento culminante la rebelión del Ghetto de Varsovia.
Una vez más el pueblo judío, como en Pesaj –y la rebelión del Ghetto de Varsovia comenzó en Pesaj –luchando por su libertad. Una vez más intentando salir de la esclavitud. Pero esta vez, más que esclavitud fue lisa y llanamente exterminio.

Un acto muy digno y emotivo tuvo lugar recientemente en nuestro Ishuv organizado por la Comunidad Israelita del Uruguay conjuntamente con el Centro Recordatorio del Holocausto y la Federación Juvenil Sionista. Multitudinario. Que convoca a la colectividad judía como pocos eventos lo hacen posible. Todos los años hay un tema distinto. Este año fue el de  “Los niños en la Shoá”.
Este acto muy bien organizado por un equipo creativo de alto nivel, en el cual además de profesionales muy capacitados y especializados destacan exalumnos de los colegios judíos de la colectividad (Integral y Ariel que hoy son uno solo), incluye entre otros aspectos: escenografía, coreografía, musicalización, parte litúrgica, participación artística (también exalumnos y alumnos), encendido de velas por parte de sobrevivientes y testimonios “en vivo”. El de este año, lo brindó la sobreviviente Gisa A. de Goldfarb, quién relató cómo se había reencontrado recientemente con la familia polaco-cristiana que la rescató, es decir que la salvó del horror durante los años de la guerra, en un testimonio sumamente emotivo.

Uno de los puntos de apoyo del acto mencionado es el Centro Recordatorio del Holocausto, organización que existe desde hace más de cuatro décadas; agrupa por sobre todo, aunque no solo a los sobrevivientes de la Shoá, teniendo como objetivo, desde su fundación perpetuar el recuerdo, la memoria, el no olvido. Lo que abarca pasado presente y futuro. Integrar esta organización, como es el caso de quien esto escribe es al mismo tiempo un privilegio, necesidad y un deber moral. Una Mitzva en el más amplio sentido del término.

La Organización, que tiene hoy en día en Rita Vinocur –hija de esa extraordinaria mujer sobreviviente que fue Ana Vinocur(Z’’L), su alma mater siendo actualmente presidida por nuestro muy querido sobreviviente Jacobo Turim- ha desempeñado y desempeña múltiples actividades y tareas entre las cuales: el proyecto “Toda persona tiene un nombre” basado en las Hojas de Testimonio que ya muchos han recibido y completado; entrevistas para la Fundación de Shoá que dirige Steven Spielberg; visitas de sobrevivientes a escuelas e instituciones no judías y judías; ayuda a sobrevivientes en distintas circunstancias; publicaciones y libros escritos por ellos mismos; eventos con motivo de Iom Haatzmaut, Rosh Hashana y Januca; la coparticipación ya mencionada en el acto de Iom Hashoa y podríamos seguir. Consideramos fundamental el Museo de Shoá que funciona en la sede de la Comunidad Israelita del Uruguay, uno de los primeros en su género en el continente. Visitado frecuentemente, en visitas guiadas, por alumnos de escuelas y liceos del país y personas en general. Ha sido habilitado hace años para ser visitado en el Día del Patrimonio Nacional pues en realidad, conjuntamente con su significado moral es parte del patrimonio nacional. El objetivo del museo en particular, del Centro Recordatorio del Holocausto en general es como ya ha sido expresado perpetuar el recuerdo, la memoria, el no olvido.
Leer más...
 
¿Qué libertad? o algunas notas sobre Pesaj.*
Emmanuel Taub   Jueves, 08 de Abril de 2010 01:57    Imprimir E-mail
I.

El 26 de marzo, en su comentario a la parashá de aquel shabat previo al comienzo de Pesaj, el Rabino Daniel Goldman relató la historia de una familia de inmigrantes bolivianos que, en la Argentina de estos años, trabaja en un taller de costura bajo condiciones de explotación, hacinamiento y esclavitud. Al finalizar el relato se preguntaba qué clase de libertad es la que estamos celebrando hoy en Pesaj.
¿Debemos celebrar la libertad en un contexto que aún reproduce prácticas esclavistas? En una comunidad que reproduce estás prácticas cuando compramos, por ejemplo, camisas o trajes de firmas que confeccionan sus prendas en talleres clandestinos. Qué significa la libertad para el pueblo judío y para el resto de los pueblos. Cómo transmitir una liberación que no es tan sólo una ruptura de lazos, sino un instante de captura, una transmisión, un ideal a seguir, un pasaje, una esperanza de futuro.

II.

La festividad de la liberación presenta en su lectura bíblica el vínculo del sacrificio, la sangre y la herencia de Israel. La conexión entre la muerte de los primogénitos egipcios y la santificación de los hijos del pueblo hebreo. La sangre que es espíritu. La conexión de la salida de Egipto con la vida de nuestro primer Patriarca y el sacrificio de Isaac. Los dos pactos de Dios con su pueblo que vuelven a unirse, que nos habitan y atraviesan. El pacto de reconocimiento, en el que Dios se revela a Abraham, y el pacto de herencia y la promesa de redención a través del que Dios, a través de Moisés, constituye a su pueblo, lo libera y le da la ley. Porque Dios mismo pasará entre las casas de Egipto con el castigo de muerte, y Dios mismo salteará –pasará– por alto y no permitirá que el ángel de la muerte entre en las casas de los dinteles y marcos señalados con sangre. Es así que: “cuando entren a la tierra que Adonai les dará deberán celebrar este culto. Y cuando los hijos pregunten: Qué es para ustedes esta ceremonia, les responderán: es la ofrenda de Pesaj a Adonai, que salteó las casas de los hijos de Israel en Egipto cuando castigó a los egipcios y salvó a nuestras casas y a nuestro pueblo.” (Éxodo 12: 25-27).

Dios hace suyos a los hijos de Israel al impedir el asesinato de Isaac y lo reafirma con la muerte de los primogénitos egipcios. Es en la muerte de los segundos que afirma la santidad de los primeros, la santidad de todo el pueblo. “Adonai le habló a Moisés y le dijo: Conságrame a Mí todo primogénito. Todo hijo mayor de los hijos de Israel… Moisés le dijo al pueblo: Acuérdense de éste día en que salieron de la esclavitud en Egipto pues con mano poderosa Adonai los sacó de aquí. Y no se comerá jametz… Siete días comerás matzot y al séptimo día será festividad en honor de Adonai. Se debe comer matzot durante siete días; no se deben ver jametz ni se debe ver levadura en ninguna de tus propiedades. En ese día le deberás decir a tu hijo: A causa de esto Adonai obró en mi favor cuando salí de Egipto. Estas palabras estarán como señal en tu brazo y como recordatorio en tus ojos para que la Torá de Adonai esté en tu boca pues con mano fuerte Adonai te sacó de Egipto.” (Éxodo 13:1-3, 6-9).
Dios santifica y consagra al primer hijo. Símbolo de herencia. Y esta consagración vincula la pertenencia al pueblo, la ley y su observancia con la celebración de Pesaj. Pero la metáfora de Isaac es el paradigma de esta posesión. Con él los primogénitos del pueblo de Israel, desde Isaac, pertenecen a Dios. Abraham a través de su gesto conforma este pacto que es cerrado con su antítesis, la muerte de los primogénitos egipcios. Y se renueva el pacto con todo el pueblo una vez salidos de la tierra de Egipto.
Leer más...
 
Comprometiéndonos con Israel: más allá de su defensa
Donniel Hartman   Jueves, 25 de Marzo de 2010 20:10    Imprimir E-mail
Desde la Operación Plomo Fundido y el subsiguiente Informe Goldstone, ha habido un creciente sentido que la opinión anti israelí ha llegado más allá de la crítica de algunas de las acciones y políticas de Israel y ahora está quitando legitimidad a al proyecto sionista como en sí.  Nosotros los israelíes y los judíos no debemos tener ningún problema con la crítica constructiva.  Nuestra tradición nos ha enseñado que la crítica es primero que nada un acto de amor y lealtad.  Le damos la bienvenida como un necesario control para asegurar un comportamiento moral.  La verdad sea dicha, siempre hemos sido nuestros críticos más severos.  Cuando definimos toda crítica de la política de Israel como anti israelí o antisemita, no somos ni justos ni estamos sirviendo los intereses de Israel.

Sin embargo, socavar la legitimidad esencial del Estado de Israel como un Estado Judío o como el hogar del pueblo judío no es una crítica sino un peligro que debemos enfrentar y combatir.  

En Israel y en todo el mundo judío ha habido una convocatoria de fuerzas para desarrollar materiales, programas y nuevos defensores para presentar la causa de Israel.  La meta de estos programas es combatir la distorsión y presentar los hechos desde el punto de vista israelí.  Por más importantes y valiosos que sean esto esfuerzos, ha menudo no logran su fin.  Cuando la causa de Israel se basa solamente en una narración factual es a menudo poco convincente para aquéllos que tienen una percepción factual contraria.  En general, las posiciones pocas veces se forman puramente con hechos, sino que intervienen las propensiones ideológicas, morales y psicológicas que construyen la narración factual para reforzar un compromiso preexistente.

La concentración en la defensa de Israel mencionada más arriba, aunque es valiosa y educativa con los completamente desinformados, pasa por alto a un público en el que, en mi opinión, debemos concentrar nuestros mayores  esfuerzos, y para el que la defensa actual de Israel, o es innecesaria o es inefectiva.  Me refiero a la mayoría de la comunidad judía misma, que sido educada para querer a Israel y que ahora está encontrando que los fundamentos de su conexión están siendo socavados.
Leer más...
 
El corazón del rey
Hilia Moreira   Jueves, 25 de Marzo de 2010 19:55    Imprimir E-mail
Yhwh dijo a Moisés…Levanta tu bastón, y extiende tu mano sobre el mar  y divídelo, para que los hijos de Israel pasen en seco por  medio del mar. Yo, mientras tanto, endureceré el  corazón de los egipcios para que sigan (a los israelitas), y me glorificaré en Faraón y en todo su ejército, en sus carros y en sus caballos; y sabrán los egipcios que yo soy Yhwh, cuando me glorifique a costa de Faraón, de sus carros y de sus caballos (…)

·Y Yhwh derribó a los egipcios en medio del mar.

·Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y los caballos, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras (los israelitas) en el mar; no quedó de ellos ni uno. (Exodo 14: 15 – 28)

·El corazón en ritos judíos y cristianos
     

El episodio del corazón duro de Faraón constituye un momento central, tanto en la celebración hebrea como en la cristiana. Entre los judíos, mientras trascurre la familiar cena de Pésaj, se significa el pasaje o salto de los hebreos desde Egipto a la tierra prometida. Así, se cocinan alimentos que simbolizan los que se comieron durante el tránsito. Y se pregunta a los niños sobre el corazón duro del rey, su aniquilamiento y el viaje al territorio prometido. Entre los católicos, la noche del Sábado Santo se considera la más Importante del año. En ella se celebra la Pascua del Señor, el salto del Dios hombre, que se lleva los pecados del mundo. La misa despliega una metáfora. Se compara la travesía de los hebreos hacia la tierra de la promesa con el viaje de Cristo quien sube a reunirse con el Padre.  En esa misa de resurrección, el texto sobre la dureza de Faraón se interpreta como advertencia de Dios. Tal será el castigo para el que hace mal uso de su libertad. En el marco de la cotidianeidad, entre los protestantes alemanes, aun el  huevo duro de  Pascua se asocia con el corazón inclemente del rey.    

La conformidad del corazón

Conforme con la Biblia hebrea, los humanos no toman conciencia  del bien y del mal con rosh, la cabeza. Quien comprende y decide es lêb, el corazón. De él emergen el sufrimiento y la alegría, el  coraje, el odio y el amor.  Pero lêv no designa sólo los sentimientos. También el alma y el intelecto. De ese modo, en el Tanaj, la intención y la ética del ser humano se encuentran en el corazón. Por consiguiente, lêv es el espacio donde Dios ejerce su  influencia. Así, según el libro del Exodo, lo que Yhwh endurece es el centro cardíaco del rey. Es con el corazón  que Faraón elije el mal. En el Catecismo, donde se exponen la fe y la moral católicas, el mal se define como falta de conformidad con el plan de Dios. Así, cuando una creatura inteligente, que conoce la ley divina, deliberadamente rehúsa obedecerla, surge el mal. Como consecuencia, de él emerge el castigo de Dios contra Faraón, su gente y  sus caballos:…no quedó de ellos ni uno .Del exterminio de los hombres y las bestias mana la gloria de Dios: me glorificaré en Faraón y en todo su ejército, en sus carros y en sus caballos.
Leer más...
 
<< Inicio < Prev 1 2 3 4 Próximo > Fin >>

Página 2 de 4