Darío Sztajnszrajber
Viernes, 20 de Enero de 2012 00:40
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Bajada: Una mirada que incorpora la judeidad y la reflexión filosófica y nos invita a pensar la espiritualidad en términos seculares, conectándola con hondas dimensiones de la vida humana.
Datos autor: Filósofo. Dicta clases en FLACSO en Posgrados presenciales y virtuales de las áreas de Comunicación y de Educación. Desarrolla una importante labor docente en la comunidad judía, en su cátedra del Seminario Rabínico Latinoamericano y en la Universidad Libre de Estudios Judáicos. Es miembro del Cultural Colectivo judío YOK. Es docente de la UBA en la materia Introducción al Conocimiento de la Sociedad y el Estado.
Frente a miradas que consideraban como una realidad homogénea al catolicismo o al cristianismo, hace un tiempo se comienza a ver y a reconocer más heterogeneidad hacia adentro de las grandes tradiciones religiosas. Hablamos, más bien, de los catolicismos o los cristianismos. Imagino que el judaísmo no es una excepción a este fenómeno. Dentro de los judaísmos ¿que caracteriza al judaísmo como fenómeno religioso-cultural?
En el actual momento del desarrollo de las sociedades contemporáneas podemos decir que el mundo judío está atravesando por diversidades culturales. Pero es tal la diversidad que constituye el fenómeno judío que a mi entender resulta imposible hablar de un judaísmo. Yo diría que no hay un judaísmo, sino que hay judíos. Hay personas que en diferentes formas, en diferentes formatos, en distintas situaciones han resignificado su identidad judía. Pero es tal el abismo que hay entre las diferentes formas en que los judíos han resignificado su judeidad que resulta imposible encontrar un común denominador. Es más, se vuelve un problema político.
Cuando alguien sale a establecer una definición de un judaísmo siempre excluye, porque la diversidad es tan amplia que cuando alguien define lo judío -no nos olvidemos que definir es poner fin, poner límites- necesariamente coloca una barrera y deja afuera formas de conectar con lo judío que no enganchan con esa definición. Pensemos que lo judío se ha ido mixturando a las distintas culturas a las que los judíos se han apegado. Entonces, cuando uno quiere encontrar algo en común entre un judío neoyorquino religioso reformista y un judío ultra ortodoxo anti sionista resulta claramente imposible.
Algunos suelen decir que lo que queda de común entre todos los judíos es el nombre. Sartre afirmaba en el libro “Algunas reflexiones sobre la cuestión judía” que en definitiva quien constituye al judío es el otro. Sartre decía que no existe el judaísmo, sino que es una construcción de los antisemitas. En esta dualidad entre un judaísmo indefinido y un lugar al que el otro coloca esta cosa extraña que llamamos “ser judío”. Ese otro, que es Occidente, nunca pudo terminar de clasificar a los judíos en las categorías que Occidente utiliza para clasificar. En ese sentido lo judío es ambiguo, a mí esa ambigüedad me encanta.
Creo que lo más rico que tiene el mundo judío hoy es su diversidad y lo que se da al interior del judaísmo es una polémica entre sectores que lo que busca es sostener una definición de lo judío y que es la manera de administrar la vida comunitaria. O sea, sectores que detrás de una definición epistemológica lo que están intentando es sostener un proyecto de poder, un proyecto político económico de administración de la vida judía que empieza con la gente pagando su tumba en los cementerios judíos y termina en la comida bendecida con la que algunos judíos se alimentan y que también cubre todo un negocio. Y por otro lado, un conjunto de judíos que venimos bregando desde distintos ámbitos en la necesidad de destrabar la definición de judaísmo. Siempre que se busca definir el judaísmo se está en una situación de poder, y siguiendo esa línea foucaultiana que dice que donde hay un poder hay una resistencia, la resistencia hoy es desestructurar esos intentos de definir lo judío sobre todo cuando en distintas situaciones aparece alguien hablando en nombre de los judíos o en nombre del judaísmo que es peor. Porque hablar en nombre de los judíos ya es un papelón, pero hablar en nombre del judaísmo como un fenómeno cerrado ya es doblemente peor.
A diferencia del cristianismo, en el mundo judío tradicional del que provenimos y que se fue desacralizando, diversificando, secularizando hasta llegar al mundo de hoy, desde la destrucción del segundo templo ya no ha habido instancias sacerdotales. Los judíos no tenemos un Papa, no tenemos dogmas, no significa que no haya judíos dogmáticos, no tenemos dogmas estructurantes como tiene el catolicismo porque no hay una autoridad central, no existe el gran rabino, el que se llama a sí mismo el gran rabino el nombre se lo puso él.
Desde tus referencias, en esos espacios plurales de resistencia a las definiciones taxativas, ¿cuáles son las expresiones de espiritualidad, de evidencia de lo judío en las subjetividades? |
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Naum Kliksberg
Viernes, 13 de Enero de 2012 12:22
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Cada Matrimonio Mixto interreligioso, o sea entre un hombre y una mujer cuyos orígenes religiosos son diferentes, como por ejemplo: un judío con una no judía, un cristiano con una mahometana, etc., es un acto de amor que debe enfrentar prejuicios y derribar barreras culturales y religiosas, motivos por los cuales estas parejas suelen tener que enfrentar desafíos y riesgos distintos a otras parejas. Por ello, en los Matrimonios Mixtos interreligiosos se ponen en juego las mejores capacidades del ser humano para comprender y convivir con lo diferente. Esto requiere, entre otras cosas, hacer una valiente revisión y reprogramación de la identidad cultural y religiosa de cada integrante de la pareja, y realizar una cuidadosa reflexión sobre su identidad social y sobre la educación que le darán a sus hijos; con frecuencia frente a la mirada cuestionadora, a veces prejuiciosa y acusadora, de los familiares más queridos, y de los grupos de pertenencia religiosos y sociales. Los integrantes de Matrimonios Mixtos, desde su experiencia de vida en sus hogares, conviven estrechamente, como nadie, con culturas y religiones diversas. Desde ese lugar construyen los mejores puentes de comunicación entre las personas de diferentes religiones, culturas y pueblos. En un mundo en el cual abunda entre los pueblos la violencia, la discriminación, la intolerancia, los Matrimonios Mixtos interreligiosos constituyen el mejor ejemplo para las sociedades de que es posible, beneficiosa y deseable la convivencia Inter - religiosa y multicultural. La máxima expresión humana de las capacidades de: tolerar, aceptar, respetar, amar, al diferente, se concreta en cada Matrimonio Mixto interreligioso. Los Matrimonios Mixtos son un ejemplo importante para la construcción de un mundo mejor, ya que demuestran que las diferencias pueden ser positivas, que cada uno aporta con su singularidad al otro, construyendo así espacios comunes enriquecedores. Los Matrimonios Mixtos, aportan a la construcción de una ecología humana en la que pueden crecer mejor las bases para la comprensión, la tolerancia, el respeto y la convivencia armónica entre las personas, eliminando la contaminación que produce la intolerancia, el prejuicio, y la discriminación. Solo la información adecuada posibilita luchar eficientemente contra los prejuicios de todo tipo, que llevan a la intolerancia cultural y religiosa, a dividir la humanidad y promover la violencia que nos amenaza con destruirnos a todos con armas de destrucción masiva, por eso la mirada desde los Matrimonios Mixtos interreligiosos es especialmente valiosa para aportar a una mejor comprensión de las discriminaciones en general, y en particular la que existe, en algunos sectores en todas las religiones, hacia los Matrimonios Mixtos. |
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Jose Chelquer
Viernes, 06 de Enero de 2012 16:54
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El 28 de diciembre pasado me tomé un Gazpacho (que la inocencia me valga). Debo tener el estómago delicado, porque me afectó la comprensión y me quedan más dudas que certezas. La “época de clonaciones, microcirugía láser, del GPS, de las netbooks” ¿no habla más de unidad que de diversidad? ¿No es producto de una humanidad que habiéndose tomado –quizás demasiado- a pecho aquello del Dios único ahora pretende un hombre único, el Hombre Global? ¿No será que la idea del Dios único “encaja” exageradamente con la realidad que vivimos?
Cuando la naturaleza era misteriosa e indomable, se la convertía en dioses del viento, el fuego, la tierra. Para no creer que los artefactos tecnológicos “resuelven mucho más rápido y con más eficiencia” las mismas cosas que Dios, ¿no bastará con conocer un poco su proceso de factura y, por tanto, su naturaleza dominable y definitivamente poco misteriosa?
Es muy posible que los bueyes pintaran a sus dioses con cara de buey. ¿No es una maravilla que el judaísmo se haya negado a pintar al suyo?
Si la diversidad es valiosa y merece ser preservada, ¿no estaremos yendo por mal camino al intentar absorber en nosotros mismos todos los matices? ¿No nos volveríamos, entonces, definitivamente iguales? Sólo porque no soy el otro y el otro no soy yo es que hay diálogo posible entre nosotros. El judaísmo, en ese sentido, combina la fe en la unidad con un imperativo que no obliga a todos sino sólo a quienes son parte del pacto. ¿No es ésa una buena base para aceptar lo relativo mientras se aspira al absoluto?
Si debe haber lugar para todas las creencias posibles, sin anular las diferencias ¿no hay lugar para ser judío, para creer en la unicidad de Dios? Claro que también hay lugar para no serlo, y merece respeto. Incluso cuando en ése lugar se ubiquen quienes parecen sufrir por haber dejado de ser lo que consideran perimido. |
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Donniel Hartman
Viernes, 30 de Diciembre de 2011 21:29
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A medida que Jánuca y su celebración llegan a su fin, tenemos la oportunidad de reflexionar acerca de la implicancia de esta festividad en nuestras vidas como judíos, en especial aquí en Israel. Jánuca es la festividad sionista por excelencia. Es en esta festividad más que en ninguna otra que el “nuevo judío” que está siendo creado en la Tierra de Israel encontró a sus héroes y el heroísmo que estaba buscando como modelo para los valores sobre los cuales el Estado de Israel debía ser fundado. A diferencia de Pésaj cuando Dios peleó nuestras batallas, y Purim, donde el heroísmo se expresó en apelar al rey a pesar del peligro personal, en Jánuca, con Judas el Macabeo, Israel encontró al guerrero que estaba buscando. Los macabeos sin embargo fueron héroes cuando se trataba de luchar contra los asirios, pero fanáticos cuando se trataba de luchar contra los judíos helenizados de su tiempo. ¿Cuál es la diferencia entre un héroe y un fanático? ¿Es solamente una cuestión de perspectiva, según la cual a veces el héroe para una persona es el fanático para otra? Tanto el heroísmo como el fanatismo comparten en su esencia una disposición a luchar y sacrificarse por sus valores y principios. A veces trágico y a veces victorioso, hay una pureza en el carácter del héroe que corta a través de la ambivalencia ideológica y el temor personal y le hace tomar una postura firme, y al hacerlo nos recuerda los valores con los cuales deberíamos estar comprometidos, y que los valores sólo merecen ese nombre cuando estamos dispuestos a pagar un precio por ellos.
Lo que distingue al fanático del héroe no es la naturaleza de los valores por los que están dispuestos a luchar sino la intransigente naturaleza de su lucha. Aunque un héroe está dispuesto a sacrificarse especialmente a sí mismo, el heroísmo requiere proporcionalidad entre el valor y su costo. Es cuando ese costo es transformado en, “a cualquier costo,” en especial para otros, es que las cualidades del fanático emergen.
Uno de los grandes desafíos que enfrenta el moderno Israel es que tenemos internalizado demasiado bien la complejidad de los macabeos. Hemos ciertamente desarrollado y cultivado el valor del heroísmo. Confrontados con las constantes amenazas externas para nuestra supervivencia, el moderno Israel ha producido generación tras generación de jóvenes ciudadanos que han estado dispuestos a pagar el precio individua más alto, su vida, para que Israel pudiera ser establecido, sostenido y protegido.
Nuestro problema es que para la mayoría de los israelíes la expresión de los valores del heroísmo está demasiado a menudo confinada a enfrentar a nuestros enemigos externos, mientras que cuando se trata de los valores e ideales de Israel como un estado judío y democrático, todas las señales de heroísmo se disipan y en su lugar hay timidez y pasividad. Al mismo tiempo en ciertos segmentos dentro de nuestra sociedad, se ha desarrollado un ethos de heroísmo vis a vis a la naturaleza y calidad de nuestras vidas dentro de nuestras fronteras, una visión del futuro de Israel que es ajena y alienante para la mayoría de los israelíes. |
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Darío Sztajnszrajber
Miércoles, 28 de Diciembre de 2011 02:31
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Sigo pensando que en tiempos de clonaciones, microcirugías láser y global positioning system, e incluso para no ir tan lejos, en tiempos de netbooks, capuccinos instantáneos y preservativos saborizados, hay una idea de la naturaleza de Dios que ya no cierra. Tal vez sea éste finalmente el destino de lo divino: que no cierre, que no encaje, que sea un resto. Un Dios que reste. Un Dios kitsch, inactual e intempestivo, una metáfora fuera de moda, un ideal para nadie, un cuento para los niños que hoy son abuelos. El problema es que se supone que Dios fue creado para que todo cierre o que todo podía ser reducido a una ultimidad metafísica donde Dios era lo único real, pero ya de adolescente nos preguntábamos: si Dios es uno, ¿por qué hay tantos? El politeísmo es tan de sentido común que el monoteísmo es casi un triunfo quijotesco: hay que poder sostener que Dios es uno y que además hace todas las cosas que ahora resuelven mucho más rápido y con más eficiencia una serie de artefactos tecnológicos y un par de Alplax. Y sin embargo la metáfora sigue vigente. Jenófanes en el siglo VI a.C. ya cuestionaba las creencias de los suyos: “si los bueyes tuvieran manos, pintarían a sus dioses con cara de buey”. Pero nuestra solución resultó peor: los cristianos, los judíos y los musulmanes pintamos al mismo Dios del mismo modo, pero lo insertamos como protagonista de relatos diferentes. Todo terminó en un conflicto más de derecho de autor, donde los polemistas eran en este caso los representantes del mismo actor protagónico. Como recuerda Michel Onfray, un único Dios nos lega una única verdad. Y si hay una verdad, no puede existir la diferencia. Incluso generamos hipervínculos en el mismo texto sagrado, ya que Ismael, padre del pueblo árabe, es el hijo echado de Abraham con una esclava; y Jesús es el producto perfecto final de todas las profecías veterotestamentarias. Diversidad en realidad tenemos con los chinos o con los mbuti; pero entre los lectores del Libro tenemos los mismos problemas que teníamos en el colegio con la Profesora de Lengua y Literatura cuando nos decía: usted ha escrito cualquier cosa, está desaprobado. |
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Emmanuel Taub
Viernes, 23 de Diciembre de 2011 18:37
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Estamos familiarizados con la historia de Januca, la celebración de las luminarias y el carácter milagroso del aceite que sirvió para que las ocho velas ardieran a lo largo de los días, luego de que el Templo de Jerusalén fuera recuperado. La celebración parte de una situación de resistencia, la de los Macabeos, en el contexto de una guerra política frente a los helenos.
La resistencia.
¿Qué significa resistir? Podríamos decir, en un principio, que en Januca hay dos formas de resistencias: una político-militar y la otra político-cultural. La primera es la que involucra la defensa del lugar, del hogar, del Templo, de la casa y de la comunidad. La resistencia del cuerpo, materialmente. Estar frente a ese que quiere lo propio y resistir sus embates. Allí, erigidos, los macabeos, constituyen el judaísmo de las armas, de este cuerpo que se para frente al enemigo.
La segunda resistencia es, la resistencia (o también supervivencia) judía por antonomasia: la conservación de la identidad, difícil, que es la judía. La resistencia cultural y política de la tradición. Aquella frente a las imposiciones del otro, del imperio, del gobierno, que no van al cuerpo sino a la forma de vida. Aquello que exige ser el otro o comportarse como él. En el contexto de Januca, el mundo griego era este otro.
En un apasionante y polémico texto, Jan Assmann explica que dentro del Antiguo Testamento habitan dos religiones: una sacerdotal y, por otro lado, una deuteronómica. La primera, funciona como manual para la base del culto en el Templo mientras que la segunda tienen las bases doctrinarias para construir una guía de vida y un ordenamiento social común: el judío. Sin embargo, y por ello la complejidad del escrito del egiptólogo alemán, ambas religiones se encuentran en una situación de coexistencia como parte de la Biblia hebrea y es gracias a esta convivencia en que se hace posible explicar, desde la perspectiva del autor, la existencia del judaísmo. Esta duplicidad es justamente el pasaje entre una religión arcaica hacia el monoteísmo, a través de una revolución propia del pueblo judío que Assmann llama “la distinción mosaica”. Si retomamos por un instante la hipótesis de Assmann podemos entender, cual metáfora, que el judaísmo nunca fue (ni será) uno: el judaísmo es el culto del Templo y es su transformación deuteronómica. El judaísmo es la religión de los sacerdotes y la religión revolucionaria de los rabinos. El judaísmo es la resistencia político-militar y la resistencia político-cultural; resistencia y milagro. Es por ello que debemos tener una mirada aún más amplia que la de una cosa u otra, que la de un milagro de la luz por sobre la vida del cuerpo que resistió ante el otro; como tampoco debemos perder la mirada lumínica del milagro sobre la historia del pueblo: para poder hacerse de la experiencia lumínica del milagro es necesario tener tanta fe como capacidad de confiar en el mundo como situación supra-humana. | |
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Andres Kilstein
Jueves, 15 de Diciembre de 2011 19:03
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Yo soy judío. Chocolate kosher por la noticia. Igualmente cada vez lo soy menos. Ya no voy al shule, ni al club, ni acudo a la sinagoga. Y de vez en cuando me fijo si conservo la circunsición. No sea que la haya perdido y no me haya dado cuenta. En cambio, mis antepasados eran muy judíos. Mis bisabuelos vinieron de Bessarabia. Para que se den una idea, de Bessarabia proviene el famoso… bueno, en realidad de Bessarabia no proviene nada famoso. Lo más famoso que tenían eran mis bisabuelos. Vivían en un shtetl, una aldea pequeña, se llamaba Dubasari. Y era muy pobre. Mis bisabuelos para no desentonar también eran muy pobres. Pero en extremo: partiendo de la nada alcanzaron las más altas cumbres de la miseria. Eran tan pobres que se comían la ropa… y se vestían con polenta. Eran tan pobres que la Revolución Rusa les dio una luz de esperanza…y ellos pusieron una casa de iluminación. Tenían un perro pésimamente alimentado. Estaba tan débil el perro que cada vez que ladraba perdía el conocimiento. No sólo eran pobres, sino que además tenían un montón de hijos. Tenían tantos hijos que la cigüeña no visitaba su casa; directamente tenía su habitación. Tenían tantos hijos que cuando mi bisabuelo volvía a la casa del trabajo tenía miedo de preguntar: “¿Qué hay de nuevo?”.
Ya que estamos hablando de mi bisabuelo, él era rov, rabino. Era una persona ejemplar. Si mi bisabuelo viviera hoy, todo el mundo hablaría de él. Porque si mi bisabuelo viviera tendría 143 años. Él era rabino y al mismo tiempo muy pobre. Tal es así que en una oportunidad se acercó un joven al templo a preguntarle qué condiciones tenía que tener la carne para ser kosher. Mi bisabuelo no supo contestarle. No es que no supiera lo suficiente sobre el kosher. Jamás había escuchado hablar de la carne. Como rabino, buscaba formas alternativas de generar nuevos ingresos. En una oportunidad se presenta en el templo un Rotschild, un millonario, con su perro Doberman. Quería que mi bisabuelo le celebrase el Bar Mitzvá al perro. “Mire, eso que me pide es imposible. No puedo celebrarle el Bar Mitzvá a su perro”, “¡Qué lástima! Porque hace unos años otro rabino accedió a circuncidarlo por 10 mil dólares”, “¡Ah! Si el muchacho es judío es otra cosa”. Mi bisabuelo estaba muy preocupado por la pobreza que había en su pueblo. En una ceremonia de Shabat suplicó al auditorio que los ricos diesen más limosnas a los pobres. La mujer le preguntó: “¿Tuvo éxito tu súplica?”, “A medias. Los pobres estarían dispuestos a aceptar”.
Mi bisabuelo tenía un hermano Eliahu que era ganev, ladrón. Siempre decía que lo bueno de trabajar como ladrón es que manejas tus propios horarios. Además tenía un socio con el que cometió varios atracos, varios robos. Pero abandonó a su socio cuando se dio cuenta de que no era una persona honesta. En una de sus aventuras delictivas, a Eliahu lo detienen, lo condenan a la horca, estaba en el cadalso a punto de ser ahorcado junto a otros dos criminales y le conceden un último deseo a cada uno. El primer criminal dice: “Luego de muerto quisiera que mis cenizas sean arrojadas al mar”. Muy bien. El segundo criminal: “Luego de muerto quisiera que mis cenizas sean depositadas en un bosque”. Muy bien. Y Eliahu: “Luego de muerto quisiera que mis cenizas sean esparcidas en la tumba de León Tolstoi”. “¡Pero qué dice! Si Tolstoi todavía no murió”, “Bien, puedo esperar”.
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Ianai Silberstein
Martes, 13 de Diciembre de 2011 15:47
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| Daría la impresión de que las “grandes” festividades judías han sido diseñadas para celebrarse puertas adentro: en familia y en comunidad. Si bien algunas de ellas, como Pesaj y Shavuot, y hasta el mismo Shabat, han sido tomadas por el Cristianismo por ejemplo y transformadas en festividades propias y singulares; si bien el Islam también ha tomado celebraciones judías y las ha transformado en propias y diferentes; las nuestras permanecen estrictamente dentro del marco de nuestra propia y exclusiva experiencia. Podemos tener invitados a la mesa, incluso a los servicios religiosos, pero la festividad nos está asignada a nosotros. Por otro lado, la tradición rabínica eligió dejar fuera de ciertos niveles de santidad algunas festividades post- bíblicas; el calendario las señala, tenemos tradiciones en torno a ellas, pero están exentas de las obligaciones y preceptos que rigen a las festividades “mayores”. Januca, que comenzará la semana próxima, está en esa categoría. El único precepto es encender las velas de Jánuca en un lugar visible, preferentemente junto a una ventana, y recitar las plegarias indicadas. El resto de nuestro tiempo es nuestro y nuestras vidas continúan normalmente.
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Ianai Silberstein
Martes, 15 de Noviembre de 2011 11:48
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La NCI de Montevideo, desde su sede en Bait Jadash, su nuevo centro comunitario, se embarca este mes en un largo y desafiante viaje: escribir un nuevo rollo de la Torá para su congregación. Cuando la semana pasada hacíamos referencia a los períodos de latencia de nuestro calendario nos referíamos a desafíos como este: generar desde dentro de la comunidad las oportunidades para que nuestro judaísmo siga siendo vigente y relevante. Si bien, como dijimos, el calendario hebreo de por sí llena estas necesidades, la realidad que nos confronta año a año es que sólo en contadas ocasiones conseguimos convocar en forma multitudinaria, llevar lo judío a la vida de la gente.
Por eso este tipo de proyectos adquieren una relevancia muy especial, resultan únicos y originales, y son una oportunidad singular de crecimiento comunitario. Hace apenas cuatro escasos años la NCI finalizaba la construcción de su centro comunitario en el barrio de Pocitos, donde se nuclean la mayoría de los judíos de Uruguay, después de cincuenta años en la zona céntrica de la capital del país. Los cambios sociales y demográficos de la comunidad tornaban imperativa esta movida, y felizmente, con el esfuerzo de toda la comunidad, pudo concretarse. Resulta casi obvio el paralelismo entre construir un edificio y escribir un Sefer Torá: en lo que hace a recursos, esfuerzo, y tiempos, la diferencia es únicamente de escala. Por un lado se construyó el edificio para luego encarar los contenidos. La Torá es sin lugar a duda alguna EL contenido mayor del judaísmo. Si hablamos de construcción, el judaísmo está construido sobre el texto de la Torá (el Pentateuco). |
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Donniel Hartman
Martes, 18 de Octubre de 2011 11:49
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Hay quienes creen que la finalidad de Iom Kipur (Día de Expiación), como su nombre lo atestigua, es meramente obtener expiación por nuestros pecados, recalibrar nuestra postura ante Dios. Son llamados “días terribles” porque nuestro destino es puesto en la balanza: quién vivirá y quién morirá. Para obtener esta expiación ayunamos y rezamos por perdón.
Sin embargo, el problema con esta aproximación es que, más allá del apego a las leyes y prácticas de los días sagrados no requiere nada más de nosotros. En lugar de procurar cambiar nuestra conducta estamos satisfechos con anhelar la expiación. El viejo año se desliza hacia el nuevo y todo sigue igual. Sobra el miedo en estos días, pero hay poca acción. En lugar de servir como catalizador para el cambio, las Fiestas muchas veces se convierten en una línea de defensa para un statu-quo, una defensa construida en la idea de expiación misma. La crítica de Isaias contra su generación, que se quejaba ante Dios, “¿Por qué, cuando ayunamos, Tú no lo viste? s, ¿Tú no percibiste cuando hambreamos nuestros cuerpos?”(Isaias 58:3), todavía resonando y tiene un nuevo significado.
¿Cuál es la causa de este continuo fracaso? Creo que podemos encontrarla en el hecho de que la idea de expiación tiene dos significados claros, y desafortunadamente le damos preferencia al más conveniente y fácil. La expiación puede ser vista como un fin en sí mismo o como un medio por el cual uno habilita un nuevo principio. Como un fin en sí mismo la meta es cambiar las consecuencias de la conducta pasada y no la conducta en sí misma. Es Dios quien expía los errores cometidos y los borra de la ecuación. Iom Kipur como un fin tiene como meta recalibrar el mundo, una especie de “reiniciación” del mundo. Como un fin en sí mismo habilita al hombre a comenzar de vuelta desde el mismo lugar y esperar nuevamente por el próximo Iom Kipur con su prometido “nuevo comienzo”.
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