Santiago Kovadloff
Viernes, 27 de Enero de 2012 16:03
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Extracto del artículo "Retrato del antisemita actual" publicado por el diario La Nación en el 2009.
Mucho se ha escrito -y certeramente- sobre las raíces del antisemitismo. El fenómeno cuenta en su haber con una abultada vigencia: 2600 años por lo menos, a lo largo de los cuales sus estrategias discursivas han variado sin perder por ello clientela ni intensidad. Lo prueban, además de otros previos, los episodios recientes que han tenido lugar en la Argentina.
Un país como el nuestro, donde el ejercicio de la política es, con demasiada frecuencia, un despliegue impúdico de intolerancia y esquematismo, donde no existen adversarios sino enemigos y que prefiere las consignas a las ideas, debería entender como un síntoma de su propia pobreza moral, cultural y psíquica las conductas discriminatorias y reduccionistas de su tropa judeofóbica. La responsabilidad primera de un gobierno que se pretende democrático es condenar sus exteriorizaciones públicas. Si no lo hace, concede, por omisión, legitimidad al racismo y fuerza operativa a la irracionalidad de sus planteos. De hecho, los ex funcionarios del oficialismo que operan como antisemitas confesos no encontraron ninguna barrera legal al desarrollo de sus festines judeofóbicos. La impunidad que los protege es, al unísono, la que los ceba y les garantiza condiciones propicias para que puedan cumplir, sin acotamiento policial, con su propósito delictivo.
Partiendo de las premisas siniestras que distinguen su concepción del judaísmo y los judíos, atentados criminales como el sufrido por la AMIA, hace tres lustros, pueden entonces ser caracterizados, por los abanderados del antisemitismo local no como acciones terroristas consumadas contra el país, sino contra una comunidad extranjera enquistada en él y por cuya desgraciada presencia entre nosotros ha pagado nuestra patria con vidas "inocentes" (es decir, no judías). Así, los judíos proyectan sobre el escenario nacional conflictos que no le atañen, pero que terminan afectando hondamente la tranquilidad y la seguridad de la nación. El triunfo fundamental logrado por el antisemitismo iraní en el caso de lo ocurrido en la AMIA -y del cual, desde hace años, es vocero entusiasta el presidente Mahmoud Ahmadinejad- no sólo consistió en haber logrado convertir en escombros esa institución emblemática. A ese triunfo criminal hay que sumarle otro no menos grave: el político e ideológico, que consiste en haber conseguido que buena parte de la sociedad argentina, aun en sus sectores mejor formados e informados, creyera en ese momento, y siga creyéndolo quince años después, que ese emprendimiento miserable no fue ejecutado contra la República Argentina, sino contra la comunidad judía.
Es imprescindible advertir que los atentados contra las comunidades judías concebidas como cuerpos extraños a las sociedades que integran podrían multiplicarse en un futuro próximo, estimulados por el curso que ha tomado el conflicto de Medio Oriente. No se trata de una conjetura personal, sino de una amenaza explícita formulada por representantes de varios grupos fundamentalistas y terroristas. Ante las dificultades que encuentran para doblegar militarmente a Israel, optarían, como en el pasado reciente al que acabo de referirme, por otros escenarios mundiales en los que, gracias a la labor preparatoria que en ellos realiza el antisemitismo, se encuentra afianzada la homologación entre judíos e israelíes. En el afán de volcar la opinión pública internacional a favor de su causa y en contra de Israel, el extremismo islámico puede contar, casi con seguridad, con que la lectura que muchos harán de esos atentados venideros encontrará respaldo, en muy buena medida, en esa homologación tan cara al antisemitismo actual.
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Ana Jerozolimski
Viernes, 27 de Enero de 2012 00:02
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Ali Salem (76) es un hombre optimista por naturaleza. Tiende a aferrarse de las buenas señales que capta, aunque no es indiferente en absoluto ante los problemas que son motivos de lógico temor. Hoy, al año de la revolución en Egipto, cree que la democracia en su país es posible y está seguro de que la paz entre Egipto e Israel será respetada, aunque él quisiera que fuera más allá de un acuerdo formal entre ambos países y fuera una relación plena de cooperación.
Salem es uno de los escritores, dramaturgos, más conocidos de Egipto, aunque hoy en día hace ya años que no escribe teatro sino que pasó a desempeñarse como columnista en dos diarios de gran importancia, el “A Sharq el Awsat”, que sale en Londres y se lee en todo el mundo árabe, y “Al Masr el Yom”, de gran circulación en Egipto.
Como abierto defensor del acuerdo de paz entre su país e Israel, Ali Salem ha tenido que lidiar con no pocos problemas. Fue expulsado de la Asociación de Escritores, se salvó de un atentado, y ha tenido que rechazar serias presiones y críticas. Pero nunca se cansó ni cambió de opinión.
En conversación telefónica desde El Cairo, se lo oye lleno de esperanza respecto a la nueva etapa en su país. Al menos en esta entrevista, intenta minimizar las dudas y destacar el potencial. Este fue el diálogo mantenido con el escritor Ali Salem.
P: Sr. Salem, estamos hablando un día después de llevarse a cabo la primera sesión del nuevo parlamento egipcio. ¿Cómo se siente con los cambios en su país?
R: Creo que hemos comenzado a marchar por buen camino, que vamos en la dirección correcta. Hemos tenido la primera sesión del Parlamento y es una buena señal. Mi esperanza es que estemos en camino hacia la libertad y la democracia. La gente disfruta por primera vez cierta sensación de libertad, sin interferencia del gobierno, y eso es bueno. Por el bien de la paz y de su bienestar en la región, Egipto debe ser un país democrático. Es la única opción.
P: Ya en la primera sesión hubo algún acorde chocante, con parlamentarios de partidos islamistas.
R: A mí me han enseñado a lidiar con la realidad… El pueblo egipcio ha elegido a estos parlamentarios para que los representen y yo lo respeto. Espero que lo hagan debidamente, por el bien del pueblo egipcio.
P: ¿Le preocupan hechos como el protagonizado por el diputado Mamduh Ismail, que quiso prestar juramento sin apegarse al texto obligatorio del mismo, agregando palabras suyas en relación a Alá? Recordemos que dijo que jura respetar la Constitución “si con ello no viola los mandamientos de Alá”...
R: Estas tendencias extremistas religiosas quisieron manifestarse en la reunión, la primera del parlamento, pero le aseguro que no son las primordiales en Egipto hoy. En todos los programas de televisión fueron criticados los que actuaron así. | |
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Andres Kilstein
Jueves, 26 de Enero de 2012 23:39
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Ayer mismo di con una solicitada en que un abultado colectivo de dibujantes y artistas respaldaba a Gustavo Sala por las supuestas amenazas que hubo recibido en repudio a su polémica tira de Página/12. El comic, para quien se encontraba de vacaciones o lleva la vida de un topo, componía torpemente al DJ David Ghetto, quien hacía bailar a reclusos en un campo de exterminio para que los jabones que se produjeran con sus restos fuesen de mejor calidad. Narrado suena casi tan burdo como es visualmente.
En primer lugar, las “amenazas” que movilizaron a los artistas a respaldar a su colega parecerían ser, en el peor de los casos, intimaciones legales, lo que no se ciñe bien al concepto de amenaza. Más bien es el justo recurso al derecho dentro de un marco legal condenatorio de la discriminación étnica o religiosa. Para decirlo más fácil: amenaza es que te llamen por teléfono prometiéndote el abuso sexual de una de tus hijas o que te ametrallen el frente de tu casa. Que te manden un mail acusándote de antisemita o que consideren legítimo hacer una demanda legal es lo que corresponde si uno sostiene una sartreana ética de la responsabilidad, en la que uno no puede evadir de ninguna manera el resultado (esperado o no esperado) de sus acciones.
Mi opinión: no existe ningún prurito para hacer humor negro con temas sensibles, incluso con la Shoá. El problema es cuando se hace algo burdo, torpe, carente de justificación histórica, irreflexivo, sin contenido, que sea una asociación fácil de conceptos enquistados, tal como hizo Gustavo Sala. El problema no es hacer humor negro sino que ese humor sea irreflexivo.
Yo mismo he hecho humor con Auschwitz; en la tapa de mi libro “Esto no es SPAM”, aparece la ilustración "Comunidad Movistar Toit Lager" con dibujo de Langer e idea mía, donde se puede ver a un recluso del campo de concentración que tiene tatuado en su brazo un número de celular, 15 6807 etc etc. El mensaje es claro: en las sociedades contemporáneas somos masificados y numerados a través de dispositivos tecnológicos como el celular. El número de celular puede ser asimilado con fines humorísticos a la numeración con que es identificado un convicto. En esta modalidad de humor negro, se toman elementos de esa enorme tragedia que fue la Shoá, pero se los emplea reflexivamente, intentando exponer un sentido histórico.
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Rab. Ariel Kleiner
Viernes, 27 de Enero de 2012 16:21
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5772 Bo
Esta semana iniciamos el mes de Shvat, mes en el cual tenemos el año nuevo de los árboles que nos ayuda a renacer y vincularnos con la naturaleza y nuestras raíces. En la tradición judía todo comienzo de mes es como una suerte de Iom Kipur, un día de evaluación y corrección de norte. Comenzamos un año, una nueva etapa, un nuevo proyecto y sin duda volvemos a pensar sobre la actitud y la disciplina que nos ayudarán a poder concretar nuestros objetivos.
En la parasha de esta semana leemos las tres últimas plagas: langostas, oscuridad y muerte de los primogénitos. Cuando el texto describe la plaga de la oscuridad dice lo siguiente: “y dijo Dios a Moshe: extiende tu vara hacia el cielo y habrá oscuridad sobre la tierra de Egipto, una oscuridad palpable… cada persona no podía ver a su hermano, y no se movieron de sus lugares durante tres días, y todos los hijos de Israel tenían luz en sus hogares”. (Éxodo 10:21-29) “Joshej Mitzraim” – el concepto de “oscuridad de Egipto” se usa en el hebreo moderno para denominar a una oscuridad profunda que se sale de lo común, como la oscuridad de la plaga que sale de lo común al dejar a las personas inmovilizadas durante tres días.
Cuando releía el relato de esta plaga pensé en la pasividad de los egipcios. Si la plaga hubiera sido la ceguera, entonces lo que hubieran podido hacer era mucho más limitado, pero siendo oscuridad, ¿Por qué los egipcios no hicieron nada para combatirla? Podrían haber prendido velas, o a partir de la necesidad podrían haberse adelantado e inventado la electricidad. Pero sin embargo no hacen nada. Se comportaron pasivamente en lugar de ser creativos.
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