Jose Chelquer
Lunes, 14 de Mayo de 2012 01:22
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La guematria es un antiguo método usado desde tiempos de los sabios del Talmud –pero especialmente en tiempos de la Kabalá-para buscar sentidos ocultos en los textos sagrados. Las letras hebreas tienen un valor numérico –relacionado con su orden en el alfabeto- por lo que se puede asociar cada palabra o frase con un número, el resultante de sumar los valores de todas sus letras. La guematria busca relaciones numéricas entre distintas palabras/frases como una forma de acceder a probables sentidos a los que no se llega por otras vías: la del Pshat (la interpretación literal) o la del Drash (el modo de interpretación tradicional más frecuente en el judaísmo). Veamos el método en funcionamiento.
La palabra שלום (paz) tiene un valor numérico de 376. Resulta interesante constatar que ése es el valor numérico, asimismo, de משאלה (deseo), de אעשה (haré), y de נעורים (juventud) lo cual –ciertamente- puede resultar inspirador. Es estimulante pensar que, por alguna razón que se nos escapa, la paz queda asociada al deseo, a la juventud y a la acción futura en primera persona. Quizás haya un mensaje oculto que nos quiere decir que nuestro mayor deseo debe ser la Paz, que conseguirla requiere un compromiso personal de acción, y que para lograrla hay que apostar a los jóvenes.
No obstante, no se trata de las únicas equivalencias posibles. Shalom equivale –numéricamente- también a מדבר סיני (desierto de Sinaí), a ניצלים מיליון (un millón se salva) y hasta a una palabra no-hebrea como אנציקלופדיה (enciclopedia), lo que podría ampliar nuestra interpretación: la paz salva millones, para alcanzarla se necesita el conocimiento, hay que estar dispuesto a atravesar el desierto que conduce a la Ley y con ella a la paz… Desconozco si alguna de estas equivalencias fue usada en el pasado, pero sirven para ilustrar la forma en que se puede liberar cierta forma de pensamiento lateral a través de ellas. Es bien sabido que el pensamiento analítico riguroso, aún siendo una formidable herramienta del intelecto, puede convertirse en una prisión que limite la creatividad; la Guematria, circulando por fuera de los canales puramente lógicos, podría ayudar a saltar los muros y buscar ideas frescas.
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Albert Domenech
Viernes, 18 de Mayo de 2012 02:18
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La capital de Israel es el único lugar en el mundo donde judíos, cristianos y musulmanes tienen sus principales templos de veneración
Yeru (casa) y shalem (paz) forman en hebreo la palabra Jerusalén. Un lugar que irónicamente ha sido durante miles de años la ciudad con más conflictos en la historia de la humanidad. El rey David estableció en este territorio al pueblo judío en el siglo XI antes de cristo. Su posición estratégica de paso entre oriente y occidente hizo que fuera preciada por grandes imperios. A lo largo de la historia, persas, bizantinos, cruzados, mamelucos, romanos, musulmanes y británicos después de la primera guerra mundial lograron conquistarla.
Visitarla es retroceder en el tiempo, es vivir y emocionarse con la cantidad de vestigios y edificios milenarios que la hacen única. La ciudad de piedra de Jerusalén es grande por su historia, pero lo es más aún por sus gentes. Pasear por los diferentes barrios es descubrir una ciudad repleta de tradición y emociones, donde se mezclan diferentes pueblos y culturas.
La mejor forma de vivir este mestizaje único en el mundo es adentrándose en el corazón de la ciudad vieja. Recorrer la Vía Dolorosa implica sumergirse en los últimos capítulos de la vida Jesús. Es revivir el mismo itinerario que tomó Cristo, cargando con la Cruz, camino de su crucifixión. A ella acuden cada año millones de peregrinos venidos desde todo el mundo, dispuestos a recrear episodios bíblicos que están documentados y señalizados durante todo el recorrido.
Las cuatro últimas estaciones están en el interior de la Iglesia del Santo Sepulcro. Lugar donde la historia dice que Jesús fue crucificado, sepultado y al tercer día resucitó. Otro lugar venerado por los cristianos es el Cenáculo. Situado en el Monte Zion, allí es donde Jesús cenó con los apóstoles la última cena antes de morir en la cruz.
Esta ciudad también es sagrada para los musulmanes. Aquí encontramos el tercer santo lugar más importante para el Islam, después de La Meca y Medina, las ciudades del profeta Mahoma y también uno de los lugares más representativos de Jerusalén, La Cúpula de la Roca. Situada en el monte del templo, se dice que desde allí Mahoma ascendió al cielo hasta la presencia de Dios.
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Egon Friedler
Martes, 15 de Mayo de 2012 22:56
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Comentario de “Bein javerim” (Entre amigos) de Amos Oz. Editorial Keter 2012 - 160 pgs.
Esta serie de ocho cuentos sobre el kibutz de los años cincuenta y sesenta tiene poco que ver con el Amos Oz de “Historia de amor y oscuridad” o con el enjundioso ensayista que tiene ideas muy claras sobre los problemas existenciales del Estado de Israel.
Es la obra de un fino miniaturista, de un psicólogo dotado de una sutil capacidad analítica, de un escritor comprometido únicamente con su verdad artística. Los ocho cuentos tienen una temática común: se desarrollan en un mismo kibutz. El protagonista de un cuento aparece a menudo como personaje secundario en otro y ocasionalmente, el final de una historia aparece como referencia marginal en otra.
El primer cuento “El rey de Noruega- “ trata de un gran tema: el lugar del soltero en el kibutz, o sea la soledad en el seno de una sociedad colectivista. Su personaje protagónico es apodado “el ángel de la muerte” porque se especializa en informarse e informar de malas noticias: catástrofes naturales, accidentes masivos y desastres de todo tipo. Goza del reconocimiento del kibutz por su eficaz trabajo como jardinero, pero su vida personal es miserable. Su soledad no fue el resultado de fracasos amorosos sino de una elección deliberada, porque tiene un rechazo visceral a toda clase de intimidad física, tanto con mujeres como con hombres.
¿Cuál es la explicación biológica o psicológica? Amos Oz no la da y deja al lector dar su propia interpretación.
El último de los cuentos, “Esperanto” también trata de un solitario en el kibutz, un personaje igualmente excéntrico y curioso. Es un fumador empedernido que sufre de una grave afección pulmonar y aún así se auto-asigna el derecho de fumar medio cigarrillo al día contra la prohibición expresa de los médicos.
Se trata de un judío holandés sobreviviente del Holocausto, un anarquista humanista, seguidor de las ideas de Rousseau sobre la bondad innata del ser humano y un fanático defensor del igualitarismo a ultranza en la vida kibutziana, tan recalcitrante que se cambió de kibutz en protesta contra una resolución permitiendo a sobrevivientes del Holocausto tener cuentas bancarias propias con dinero obtenido de reparaciones.
En “Dos mujeres” un hombre casado abandona a su mujer por su amante. Pero la amante no solo está abrumada por un sentimiento de culpa sino que está fascinada por su rival y le dirige cartas de simpatía.
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Rab. Ariel Kleiner
Viernes, 18 de Mayo de 2012 16:47
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Algunos dirán que para saber a dónde queremos llegar es necesario tener presente de dónde venimos. Quizás para esto es que en cada Shabat y en cada festividad recordamos la salida de Israel de Egipto (zejer leietziat mitzraim) pronunciamos en la consagración del tiempo a través del vino.
En el deambular por el desierto hacemos algunas paradas. Una de ellas, quizás la más importante y significativa, la que nos marcó de una vez y para siempre fue el Monte Sinai. Parashat Bahar, en la montaña - leemos del texto lo relacionado al Shnat HaYovel y Shnat HaShmita – Año del jubileo y año sabático. Lo que intentan estos preceptos es mantener la paz en la sociedad.
Paz es Shalom. Shalom - Yerushalaim que es Ir Shalem – la ciudad de la paz. (o por lo menos que anhela y pretende ser inspiración en su idea para la paz…) ya que conviven tres religiones judíos, musulmanes y cristianos.
Este Shabat elegimos dedicarlo a Ierushalaim especialmente, el día de Ierushalaim de 1967, cuando pudimos reencontrarnos en la ciudad vieja (ir atika), tan mística y luminosa. Ierushalaim es el lugar hacia el cual direccionamos las plegarías. Así lo hacemos cuando elevamos cada una de nuestras oraciones. Está escrito en el Talmud: “Si se encuentra fuera de la Tierra de Israel direcciona su corazón hacia la Tierra de Israel, si se encuentra en la Tierra de Israel direcciona su corazón a Ierushalaim, si se encuentra en Ierushalaim direcciona su corazón al Beit HaMikdash” (Brajot 30a) Así sin importar dónde estemos todos miramos hacia el mismo lugar.
En un recorrido “turístico” por las fuentes, observamos a Ierushalaim como la ciudad más bonita de todas.
Enseñaron nuestros maestros: El que no vio a la belleza de Ierushalaim no ha visto ciudad bella en el mundo (Suca 51b) Diez líneas de belleza descendieron al mundo, nueve recibió Ierushalaim y una el resto del mundo (Kidushin 49b)
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