|
Iom Kippur: vida judía, perdón y memoria |
Darío Sztajnszrajber
Viernes, 10 de Septiembre de 2010 20:28
|
om Kippur es el día más sagrado para la vida judía. Es sagrado porque la vida judía misma se vive con absoluta libertad. Y es libre, porque es un día de decisión. De hecho, se pone en juego el libre albedrío de modo radical: seguir o no seguir apostando a la vida judía. Apostar a la vida judía no es cosificarse en una única definición de lo judío. La vida judía libre es una apuesta a lo irresoluble. Es que la vida judía acontece. Es un conjunto de situaciones que nos conectan. Es un trasfondo que exige, un confín que estremece, un umbral que obliga. Pero nunca aquieta. Ni resuelve. La vida judía sobrepasa cualquier estigma conceptual y profundiza sus contradicciones. Es experiencia personal, es conexión estética, es condición ontológica, es construcción de valores, es una manera de preguntar, es diversidad en conflicto. Aquello que otros perciben como un problema, es vivenciado como libertad. Y esta libertad se manifiesta en su radical posibilidad, este día. Según la tradición rabínica, Iom Kippur es el único día en el cual Satán no nos puede hacer daño. Y por eso es el día más sagrado: porque la vida judía deviene libre. Jean Claude Milner sostiene que en tanto lo judío se conciba como un problema, se supone también que es necesario entonces que se resuelva. Resolver un problema es encontrarle una solución, y así el problema se disuelve, deja de ser problema. Los judíos sabemos bastante de soluciones, finales. Como no encajamos en definiciones estancas, generamos fobias. Y contra las fobias, llueven un aluvión de certezas, un recetario de soluciones. Por eso siempre se ha intentado delimitar la esencia de lo judío. Para estar en lo cierto. Para resolver el problema. Es que el problema judío pareciera poder resolverse como si fuera una operación matemática, o un juicio, o una inversión económica. Si así fuese, la solución sería muy simple: o bien arribamos a la certeza final (descubrimos la receta del judío verdadero), o bien se disuelve el problema (se acaba con lo judío). Así se resuelven los problemas, así se tienen que resolver, porque lo intolerable es que quede abierto. Lo intolerable es lo irresoluble. Y lo judío se vuelve intolerable, porque lo irresoluble abre. No encaja. No alcanza ninguna certeza, pero tampoco se disuelve. No alcanza nunca la naturaleza de lo genuino, y no por ello desaparece. Tal vez por eso Satán moleste 364 días del año (según la cabalística la numeración de Hasatán es 364); porque nos quiere recordar día a día que tenemos pendiente la resolución de nuestra identidad. Esa es su maldad: hacer de lo judío un problema. Menos en Iom Kippur. Menos el día más sagrado. Aquel donde la identidad se vive con absoluta libertad, donde la vida judía fluye sin diques conceptuales. Menos en Iom Kippur, donde lo judío se manifiesta como disfrute de lo irresoluble, donde Satán, según la tradición, nos ve vestidos de blanco y nos confunde con ángeles. Es que un ángel no es quien posee las certezas, sino quien se realiza en lo incierto de la vida, quien se anima a vivenciarse en sus contrastes, en sus tensiones, en sus mixturas. Los ángeles son criaturas mixtas. Ni humanos, ni divinos: amantes de la búsqueda. Los ángeles se regodean con el interrogante y por eso no son comprendidos en un mundo en el cual Satán exige una definición, promueve la resolución de la mixtura. Durante 364 días, Satán obliga a lo judío a una resolución, piensa lo judío como un problema. Salvo en Iom Kippur. Salvo el día más sagrado para la vida judía. Salvo el día más libre. Salvo el día en que la vida judía renueva su apuesta por lo irresoluble.
| |
|
Leer más...
|
|
Una cascada de tiempo y emociones compartidas. |
Daniel Fainstein
Viernes, 10 de Septiembre de 2010 20:21
|
El ciclo del año judío es una cascada de emociones, rituales y normas que nos hacen recorrer una travesía maravillosa por un tiempo paralelo al cotidiano, hacia las raíces de la Creación y del origen del Pueblo judío. Dentro de este complejo y variado ciclo de festividades, celebraciones y conmemoraciones, las festividades del mes de Tishrei ocupan un lugar privilegiado. Desde la alegría y el encuentro familiar de Rosh Hashana,(Año Nuevo) con el toque del Shofar, pasando por la solemnidad e introspección de Yom Kipur,(Día del Perdón) hasta la alegría de Sucot(Fiesta de las cabañas) y Simjat Tora(Fiesta de celebración de la terminación y comienzo del ciclo anual de lectura de la Tora), tenemos casi un mes de experiencias espirituales que nos transforman y nos conectan con los fundamentos de la cosmovisión judía: Dios, la Tora, el Pueblo de Israel, el Pacto, la fe, la Teshuva(Arrepentimiento), la Tefila(oración), la Tzedacá(apoyo económico a los necesitados), la comunidad, la esperanza.
Vivir intensamente este mes significa redescubrir la capacidad de celebrar y valorizar los dones que tenemos y con los que hemos sido bendecidos y atesorar las memorias que nos dejaron nuestros seres queridos que ya no están aquí con nosotros. Recientemente una amiga que viajó por Europa me comentó acerca de las bellas catedrales e Iglesias que se encuentran en las grandes ciudades del Viejo Continente y el gran desarrollo arquitectónico y artístico que tuvieron desde la Edad Media. Estas palabras me recordaron un párrafo de Abraham Joshua Heschel (1907-1972),el gran rabino ,activista social y teólogo en su libro El Shabat y el Hombre Moderno:
«Todos estamos fascinados con el esplendor del espacio, con la grandiosidad de los objetos en el espacio. Nuestra imaginación tiende a moldear todos los conceptos a su imagen… Es difícil para la mente primitiva abarcar una idea sin la ayuda de la imaginación, y es en el dominio del espacio donde la imaginación manifiesta su poder. La imagen de los dioses ha de ser visible, pues donde no hay imagen no hay dios.La reverencia por las imágenes sagradas, por los monumentos o lugares sagrados, no sólo es inherente a la mayoría de las religiones, sino que ha sido conservada porel hombre de todas las épocas, de todas las naciones, piadosos, supersticiosos e incluso antirreligiosos; todos continúan rindiendo homenaje a estandartes y banderas, a santuarios nacionales, a monumentos erigidos a reyes y héroes. | |
|
Leer más...
|
|
El problema de las bocazas |
Ana Jerozolimski
Viernes, 10 de Septiembre de 2010 20:16
|
Debo ante todo, comenzar admitiendo que no tengo certeza si desde un punto de vista idiomático, el titular que dimos a esta nota está bien. No tengo el Larousse a mano para buscar “bocaza”, pero la expresión me salió natural al pensar en el desubique increíble que mostraron estos días un israelí y un palestino, ambos bastante conocidos, al hablar de más.
Todo comenzó con el Rabino Ovadia Yosef, líder espiritual del partido ultraortodoxo israelí Shas, que en su encuentro semanal con estudiantes y seguidores, dijo que Mahmud Abbas (el Presidente palestino) “es un malvado que odia a Israel” y que “Dios debería golpearlos con una plaga”, agregando que “todos ellos deberían morir”.
A decir verdad, no nos sorprendimos demasiado, porque el estilo del mencionado rabino es tal que su lengua se ha desbocado en más de una oportunidad para atacar al elegido de turno: judíos seculares, árabes, mujeres, homosexuales y demás. No está claro si le gusta ser centro de polémica, pero lo indudable es que ha desatado varias tormentas con el correr de los años en el seno de la opinión pública israelí. Mientras sus seguidores lo admiran por su sapiencia en temas de religión y judaísmo, sus críticos lo aborrecen y consideran un ejemplo de pensamiento obtuso y anticuado.
El problema ahora, claro está, va más allá del plano interno israelí, ya que esta vez insulta y ataca directamente a quien debe ser el interlocutor de Israel en las negociaciones de paz, nada más ni nada menos que pocos días antes del reinicio de las mismas . El agravante es que el partido que él formó , SHAS, es miembro de la coalición, y no es secreto que es su palabra la que determina, siempre, cómo votarán los diputados en el Parlamento.
Y aquí, Yosef no deseó muerte a los terroristas, a responsables de atentados, sino al propio Abu Mazen y a los palestinos en general. Desubicado, cerrado, poco inteligente, inaceptable, es lo mínimo que se puede decir del rabino en esta ocasión. Lo peor es que con ello hace olvidar lo que él mismo dijo años atrás al analizar qué es lo central al tomar decisiones de cara a las negociaciones con los palestinos: que la vida es mucho más sagrada que territorios.
Pero el problema no termina en lo condenable de las nuevas declaraciones del rabino, sino en lo desubicado de la reacción palestina. El enojo y la condena, por supuesto, son más que comprensibles y habría sido extraño que no publicaran comunicados contra las palabras del rabino Ovadia Yosef. Pero entre eso y lo que dijo el jefe negociador palestino Dr.Saeb Erekat, hay una diferencia.
Erekat, de palabra rápida y aguda en general, se apuró demasiado al afirmar que lo que hizo el rabino fue “incitar a un genocidio de los palestinos”.
Tiene razón Erekat al exigir al gobierno israelí denunciar los comentarios de Yosef, y al alegar que no es suficiente lo que publicó la oficina de Netanyahu aclarando que “esas declaraciones no reflejan en absoluto la visión del Primer Ministro ni la posición del gobierno de Israel”. Pero entre eso y decir que “un miembro del gobierno israelí está exhortando a que nos maten a todos”, hay una distancia de años luz.
La bocaza de Yosef sirvió de excelente excusa para que los palestinos pinten la situación actual de colores que no pegan con la realidad.
“¿Esta es la forma en que el gobierno israelí prepara a su público para un acuerdo de paz?”-se preguntó Erekat retóricamente. “Mientras la OLP está dispuesto a reanudar las negociaciones en forma seria y de buena fe, un miembro del gobierno israelí llama a nuestra destrucción”. Agregó que “ésto es un insulto a todos nuestros esfuerzos por avanzar en el proceso negociador” y exhortó a Israel a “hacer más en pro de la paz y dejar de diseminar odio”.
| |
|
Leer más...
|
|
Fábulas y leyendas del mar |
Rafael Courtoisie
Viernes, 10 de Septiembre de 2010 20:02
|
Tusquets Editores. Barcelona, 2009. 282 págs.
"La mar", como se obstinan en feminizar los peninsulares (y no les falta razón) es para Alvaro Cunqueiro (1911-1981) el lugar de proyección del variado misterio humano.
A lo largo de decenas de textos escritos en distintas épocas se alterna la crónica realista con la fábula, el ejercicio mítico y por momentos el rapto místico pagano frente a una naturaleza abrupta, salvaje, con la que el autor se enfrentó y se deslumbró desde pequeño en su Galicia natal.
En ocasiones emplea el humor y en otras logra, en breves pero decididos trazos, la pintura trágica y desgarradora de lo que en términos de las bellas artes se denominaría una "marina" realizada en "paleta alta".
Los textos recopilados se disponen en cuatro capítulos. La clasificación es más bien aleatoria y muchas piezas resultarían intercambiables.
La recopilación estuvo a cargo de Néstor Luján, que también escribió
el prólogo esclarecedor, donde informa que los textos habían aparecido
en su mayoría en "La Hoja del Mar" y en "Sábado gráfico". Este origen
explica la factura a trazo rápido, periodística, de muchos de ellos.
|
|
|
Leer más...
|
|
|